Aún es pronto para morir
Autor: Jaime Bayly
Nada de lo que está pasando estaba remotamente en mis planes y por eso asisto pasmado, incrédulo y curioso a la vida de ese señor que supuestamente soy yo, pero que cada día me parece más un extraño, alguien que hace cosas que no puedo explicar ni justificar y a duras penas puedo contar.
De pronto a este señor se le ocurre que se irá a vivir a Bogotá y ni siquiera me lo consulta, lo anuncia a la prensa, firma unos contratos, graba unas promociones, viaja como un fanático con una misión, y ahora este señor y yo, o ese señor al que llaman Jaime Baylys y yo (que no elegí ser yo ni tampoco que llamaran Jaime Baylys a ese otro señor que anda por la vida diciendo que soy yo), estamos viviendo en Bogotá, así porque sí, porque el señor se encaprichó y me trajo como si yo fuera un bulto (que en realidad es lo que soy para él, para el señorito hablantín de Jaime Baylys que me lleva y me trae como si yo fuera su carry on, que es exactamente lo que soy para él).
Pues aquí estamos los dos, viviendo en una ciudad fría, arbolada, verde allá arriba, una ciudad con calles numeradas, una ciudad en la que Baylys me dice que hay más autos que personas y que está seguro de haber visto autos que van solos por las autopistas, una ciudad en la que no nos dejan caminar sin vigilancia porque Baylys tiene enemigos que lo quieren matar (incluyéndome), y entonces tenemos que salir los dos con chofer y guardaespaldas en camioneta blindada (un blindaje que creo redundante, porque la capa adiposa que se ha dejado crecer Baylys me parece ya a prueba de balas o, cuando menos, de perdigones).
Una noche dejo a Baylys durmiendo en el hotel y salgo a caminar y me pierdo por las calles de este barrio singularmente apacible y cuando regreso del paseo se me va el aire (es sabido que Baylys también pierde aire) y nos echamos los dos y de pronto sentimos que nos han puesto una bolsa de cemento encima del pecho, sentimos o siento (porque Baylys es tan desalmado que ya no siente nada) que alguien nos aprieta el pecho o se ha sentado sobre nosotros y el pecho está a punto de estallarnos y ese dolor opresivo, quemante, puede ser el anuncio de que un infarto segará con buen tino la inefable existencia de Jaime Baylys y me dejará en paz para ver en qué otro cuerpo consigo meterme cuando el suyo sea ya un cadáver flácido en descomposición.
Siendo entonces que el dolor nos agobia a ambos, es solo a Baylys a quien le preocupa morir, porque yo lo que quiero es escapar de ese señor y no verlo más, ese señor me ha hecho la vida imposible, me ha exhibido más de veinticinco años en todas las televisiones que se le han obsequiado y me ha maquillado cien mil y una noches y me ha hecho decir cosas por las que ahora siento verdadero hastío: digamos entonces que Baylys se asusta porque siente que va a morir en un hotel de Bogotá, ese incendio en el pecho y la respiración entrecortada y el vahído que presagia un desmayo no pueden ser sino señales de la muerte inminente, y digamos que en lo que a mí respecta, nos quedamos echados y esperamos el infarto, bienvenido sea, que cualquier cosa tiene que ser mejor que seguir viviendo encerrado como rehén en el cuerpo desfigurado y ventrudo de ese señor que va por la vida con aires de listillo haciéndose llamar Jaime Baylys.
Para mi desdicha, Baylys no quiere morir, tiene pánico a morir, no porque tema algún castigo divino o una reencarnación arácnida, sino porque está encantado de ser él mismo y dejar de serlo le parece espeluznante, atroz, insoportable (todo lo contrario de lo que pienso yo), y es por eso que encuentra fuerzas (fuerzas que creo que arranca de su ego, un ego que tiene las dimensiones de un océano) y se levanta de la cama y, mareado y con un zumbido en los oídos y el corazón bailando un mambo o mejor un vallenato, camina por los pasillos del hotel y comprende que si no llega pronto a una clínica será tiempo de morir infartado, asorochado, extenuado y todavía maquillado en esta ciudad a la que me trajo a vivir y por lo visto a morir también.
Baylys (hay que ver lo vanidoso que es) ha encontrado tiempo para ponerse un sombrero, un sobretodo negro y una bufanda y ahora está en la puerta del hotel buscando a Fabio, el conductor, y a John Jairo, el custodio, pero no aparecen en el horizonte brumoso de la calle ochenta y cuatro, han de estar durmiendo en sus casas, hartos de llevar y traer a Jaime Baylys, soportando su cháchara incesante, y entonces pienso que lo mejor sería caminar hasta que nos sorprenda la muerte y caer desplomados bajo un árbol añoso de esta ciudad en la que llueve una lluvia que a veces parece hielo, pero el señorito no comparte mi opinión de que ya va siendo hora de callar, de que nunca es pronto para morir en Bogotá, y entonces me sorprende haciendo gestos para detener a un taxi, subiéndose al vehículo y diciéndole al conductor:
-Por favor, lléveme a la clínica más cercana.
El taxista tiene la prudencia de no hacer preguntas y se enreda en una travesía serpentina, una cumbia resonando en los parlantes, y anuncia en pocos minutos que hemos llegado a la clínica El Country y que le debemos diez mil pesos. Baylys busca su billetera y no la encuentra, no hay billetera ni pesos para pagarle al conductor que nos ha traído a la velocidad de la luz a esta clínica. Baylys me sorprende, él siempre esconde un fajo bajo la manga: saca cien dólares, se los da al chófer y le dice:
-Hoy es su día de suerte.
Luego bajamos y caminamos hasta que la doctora Maite advierte que no nos sobran pasos ni respiros y que todo el aire que hemos venido perdiendo se nos ha ido ya y ahora estamos tratando de recuperar (si tal cosa es posible) el aire perdido y con el aire, la vida, esperando el que habrá de ser el último resoplido de esa ballena varada en esta clínica a la que ha venido a que le salven la vida que no merece que le salve nadie.
Cuando pienso que ya va siendo hora de terminar este sainete y salir corriendo de este señor y encontrar una compañía más digna, la doctora (que es joven, es guapa, ha reconocido a Baylys y le tiene simpatía) se apresura en auxiliarnos y en pocos minutos estamos tendidos, entubados, respirando oxígeno de insólita pureza, recibiendo urgentes atenciones para que no nos reviente el corazón como una piñata aporreada por los niños terribles que llevamos dentro (que alcanzan para varios cumpleaños y quedan sobrando: todo en Baylys ha sido siempre aniñado, pueril, una suma de niñerías, insolencias y desplantes de crío malcriado).
Gracias a la doctora Maite, salvamos la vida en la clínica El Country y ahora nos aprestamos a salir al aeropuerto para viajar a Lima y hospedarnos en el Country: se podría decir entonces que es la nuestra una vida signada por el vértigo de salir de un Country para entrar a otro Country, sin saber bien cuál es el hospital y cuál es el hotel y, sobre todo, cuál es el país, el country, en el que estoy, al que voy, del que vengo y al que me llevan sin consultarme. Curiosamente, me parece que Jaime Baylys me ha condenado a vivir de Country en Country y ser al mismo tiempo un apátrida without any country whatsoever, y por eso yo pensaba que no era pronto para morir aquella noche en Bogotá y él, que se cree inmortal o que cree que las cosas chapuceras que ha dejado escritas se leerán cuando no queden de él sino sus huesos (si no han sido antes cremados: en cuyo caso, cuando no queden de él sino sus cenizas), está encantado de seguir vivo, lleno de aire, respirando sin agitación, pidiéndole al camarero un jugo de guanábana más, echándole bastante salvado (que Fabio nos ha regalado, pues el conductor, hombre de verbo impredecible, nos dijo una noche: “Don Baylys se va a purificar si toma El Salvado”, y Baylys y yo pensamos que Fabio quería hablarnos de una congregación religiosa, y Fabio añadió: “Yo, desde que tomo El Salvado, me he purificado”, y Baylys le preguntó qué debía hacer para purificarse, y Fabio dijo que tomar Salvado en cucharadas, y al día siguiente se presentó con dos bolsas de Salvado y desde entonces Baylys y yo nos hemos hecho adictos al jugo de guanábana con Salvado y quién hubiera dicho que El Salvador iba a venir en una bolsa de quinientos gramos, lo que pesa el Salvado Fino) y llevándome cinco y seis veces al día al inodoro para confirmar lo que Fabio dijo: “Mire, don Baylys, pruebe El Salvado y ya verá cómo le purifica su, perdone la expresión, su materia fecal”.
Así las cosas, antes éramos solo dos, Jaime Baylys y yo, que lo sigo acompañando muy a mi pesar, y ahora somos ya tres, Baylys, el que esto escribe y el bendito Salvado salvador, alabado sea, que viene purificándonos y recuperándonos del incendio que casi nos quemó el corazón (y a la doctora Maite: el lunes paso por la clínica para pagar lo que le quedé debiendo).
lunes, 23 de agosto de 2010
LA DIVISIÓN DEL SUJETO EN VOZ DE JAIME Y DE BAYLY
http://peru21.pe/impresa/noticia/aun-pronto-morir/2009-11-09/26059
miércoles, 18 de agosto de 2010
manual de sexualidad para jóvenes
http://cjex.org/component/docman/doc_download/12-fanzine-qel-placer-esta-en-las-manosq.html&h=4590d
domingo, 11 de julio de 2010
martes, 4 de mayo de 2010
Cuentas de alguien que no sabe matemáticas
Hagamos unas cuentas "a vuelo de pájaro":
En Colombia somos 45.426.285.
La población apta para votar es de: 26.000.000.
La abstención está en un 55%; es decir: 14.300.000
Vota el 45%; es decir: 11.700.000
Siguiendo las estadísticas, el 39% votará por Mockus; es decir: 4.563.000
En Colombia hay 4,519,320 personas con FACEBOOK.
Según la encuesta de la página "El reemplazo de Uribe", en Facebook, el 58% vota por Mockus, es decir: 2.621.205
PENSAMIENTOS LIGEROS
1. Con dos millones y medio, no se ganan las elecciones.
2. Están (estamos) votando energías con tanta invitación por facebook. La campaña de Mockus ya parece un spam.
3. Es tiempo de dirigir las energías hacia las personas que NO TIENEN FACEBOOK.
4. Para ello, hubieran servido mucho los 4.500 millones de pesos a los que renunció el profesor Mockus.
¡Salve, Mockus!
En Colombia somos 45.426.285.
La población apta para votar es de: 26.000.000.
La abstención está en un 55%; es decir: 14.300.000
Vota el 45%; es decir: 11.700.000
Siguiendo las estadísticas, el 39% votará por Mockus; es decir: 4.563.000
En Colombia hay 4,519,320 personas con FACEBOOK.
Según la encuesta de la página "El reemplazo de Uribe", en Facebook, el 58% vota por Mockus, es decir: 2.621.205
PENSAMIENTOS LIGEROS
1. Con dos millones y medio, no se ganan las elecciones.
2. Están (estamos) votando energías con tanta invitación por facebook. La campaña de Mockus ya parece un spam.
3. Es tiempo de dirigir las energías hacia las personas que NO TIENEN FACEBOOK.
4. Para ello, hubieran servido mucho los 4.500 millones de pesos a los que renunció el profesor Mockus.
¡Salve, Mockus!
sábado, 1 de mayo de 2010
LA OLA COMO METODO
… y sigue repuntando el profesor¡¡¡¡… la ola verde cada vez es más grande… camisetas verdes aparecen por doquier… mensajes por facebook… por correo electrónico… por todas partes. ¡La Mockusmanía llegó!… pero, ¿ sabe la gente con alguna veracidad a qué se está inscribiendo?
El profesor dice: “Recordemos siempre que seremos juzgados por nuestros métodos”.
Es claro que el método primero y principal para este candidato es el facebook. ¿Qué se puede decir de esta red social como método de campaña política?
El facebook como método se podría definir fundamentalmente como un fenómeno de masas. Día a día nacen cientos, miles de grupos y aplicaciones cuyo objetivo fundamental es seducir para que la gente se identifique con tal persona, o con tal causa. “Los que creemos que esta banano tiene más fans que Daddy Yankee”, “Caravana en contra del proyecto anti-moto”, “A mí no me tiembla la mano para votar por Mockus”, “Marcha mundial por la paz y la no violencia”, etc. A sólo un click uno se inscribe en el grupo, y entonces se van sumando los miembros.
Puedo decir que en este momento yo soy miembro de 200 grupos, que es el límite permitido. Y algunos de ellos tienen muchísimos miembros. En una lógica loca, incluso hay un grupo que se llama: “El grupo más grande en Facebook”, con 1.329.978 miembros. ¿Objetivo? Sólo uno: armar el grupo más grande en facebook. Incluso, éste no es el grupo que tiene más miembros; hay otros tres que lo doblan: “Alimentar a un niño con un solo click”(2.898.721), “Contra la utilización de perros y gatos vivos como carnada para tiburones” (2.684.398), “Experimento: seis grados de separación” (2.614.737).
Uno lee esos números tan altos y llega a decir: “Huy, hay mucha gente comprometida con los niños”, “Huy, hay mucha gente comprometida en hacer el grupo más grande en facebook”, “Huy, hay mucha gente comprometida en salvar a los perros y a los gatos”, y, finalmente, “Huy, hay mucha gente comprometida en querer tener contacto con la gente famosa”. La pregunta que es necesario hacerse es: ¿Por qué se hace un click para pertenecer a uno de esos grupos? ¿Es evidente que se hace por la causa que llevó a fundarlo? ¿Hay compromiso en la persona que hace un click para pertenecer a un grupo de facebook? Nunca se va a saber las respuestas a estas preguntas, pero me inclino a pensar que en los grupos de las campañas políticas funciona el mismo compromiso que en el grupo “Los que creen que este banano tiene más Fans que Daddy Yankee”.
Pertenecer a un grupo de facebook construye MASA… MASIFICA. Es la lógica que nombra Freud en Psicología de las masas y análisis del yo”: “En la masa, desaparecen las adquisiciones de los individuos, y, por tanto, su peculiaridad. Lo heterogéneo se funde en lo homogéneo”. Reconocer este fenómeno de masas me da la pista para seguir pensando en el facebook como método de campaña electoral.
Son varias las características de las masas, pero en esta oportunidad me centraré en una, la que más parece a mis ojos. Dice Freud:
“Las masas nunca conocieron la sed de la verdad. Piden ilusiones, a las que no pueden renunciar. Quien quiera influir la masa no necesita presentarle argumentos lógicos; tiene que pintarle las imágenes más vivas, exagerar y repetir siempre lo mismo”.
Ésta es la característica de la masa que quisiera subrayar: las masas no piensan. Esto lo podemos ver en un partido de fútbol, en una iglesia, en el ejército. Cuando alguien se inscribe en uno de estos grupos como hincha, feligrés o militar, se le pide fundamental mente una cosa: “No piense. Ame la causa”.
Uno lee con juicio la frase de Freud y paralelamente ve el fenómeno de la Mockusmanía y algunas preguntas lo tienen que asaltar. Una de ellas: ¿Cuántos de los miembros de los incontables grupos que le hacen campaña al profesor, han leído su programa de gobierno? Esta pregunta me surge, no sólo por coherencia teórica con una noción freudiana, sino también porque lo que se escucha cuando la gente habla de Mockus, ya sea por defenderlo, o por atacarlo, son frases y situaciones sacadas de contexto que desvirtúan el carácter argumentativo del profesor.
Son varias las frases con las cuales puedo ejemplificar lo que digo en el párrafo anterior. La gente dice que:
1. Mockus va a atacar a la guerrilla con girasoles.
2. Mockus cambió Bogotá, entonces también puede cambiar a Colombia.
3. Mockus va a convertir a Colombia en un segundo Caguán.
4. Mockus admira a Chávez.
5. Mockus va a acabar con el ejército.
6. Mockus va a extraditar a Uribe y a Santos.
7. Mockus le va a tirar un vaso de agua a sus contradictores.
8. Mockus va a traer la paz a Colombia.
9. Mockus va a dialogar con la guerrilla mostrándoles el culo.
Es entendible que se digan estas frases, pues es claro, a mi juicio, que las masas no piensan; es claro que a las masas no les interesa acercarse a la verdad. Ellas, simplemente, escuchan la idea, el chisme, y, repiten cual verdad apodíctica, incuestionable: “Por ahí andan diciendo que…”. Estoy casi seguro que muchos de quienes atacan o ensalzan al profesor con esas frases, no se han sentado a pensar cuál es el contexto de esa frase, en qué documento lo dijo, a qué punto del programa pertenece. Y estoy casi seguro de ello porque el colombiano promedio no lee, no quiere leer, no le interesa leer, le parece aburrido leer… el colombiano promedio hace cualquier cosa, menos leer. Una cultura que no lee nunca podrá ser una cultura democrática. En Colombia hay gente que opina, gente que responde preguntas de encuestas, gente que se inventa chismes, pero no gente que se instruya en relación con los programas políticos de los candidatos.
El profesor Mockus pide que lo juzguemos por los métodos utilizados. Pues bien, creo que es necesario afinar algo en este ámbito, pues hay una labor educativa con respecto a su programa que no se está haciendo. Sus colaboradores de campaña se dieron cuenta de la potencia tan grande que tiene el facebook para masificar a la gente, y se han debilitado en la consistencia educativa para dar a conocer la propuesta. Enfilaron sus energías en la misma lógica masificada de las campañas tradicionales, y se les olvidó que al interior de la propuesta hay una dimensión educativa que quedó desdibujada.
La OLA como método no se diferencia de las propuestas tradicionales. Es verdad que estamos siendo más eficaces, pero no me parece evidente que detrás de un click para pertenecer a uno de los grupos, haya una persona racionalmente motivada para votar por el candidato verde.
¿Qué tendremos que hacer para que la fiebre no sea el único motivo para votar por Mockus? La democracia necesita gente que trabaje; no gente que espere a que San Mockus los salve de la infelicidad.
¡Salve, Mockus!
MARLON CORTÉS
El profesor dice: “Recordemos siempre que seremos juzgados por nuestros métodos”.
Es claro que el método primero y principal para este candidato es el facebook. ¿Qué se puede decir de esta red social como método de campaña política?
El facebook como método se podría definir fundamentalmente como un fenómeno de masas. Día a día nacen cientos, miles de grupos y aplicaciones cuyo objetivo fundamental es seducir para que la gente se identifique con tal persona, o con tal causa. “Los que creemos que esta banano tiene más fans que Daddy Yankee”, “Caravana en contra del proyecto anti-moto”, “A mí no me tiembla la mano para votar por Mockus”, “Marcha mundial por la paz y la no violencia”, etc. A sólo un click uno se inscribe en el grupo, y entonces se van sumando los miembros.
Puedo decir que en este momento yo soy miembro de 200 grupos, que es el límite permitido. Y algunos de ellos tienen muchísimos miembros. En una lógica loca, incluso hay un grupo que se llama: “El grupo más grande en Facebook”, con 1.329.978 miembros. ¿Objetivo? Sólo uno: armar el grupo más grande en facebook. Incluso, éste no es el grupo que tiene más miembros; hay otros tres que lo doblan: “Alimentar a un niño con un solo click”(2.898.721), “Contra la utilización de perros y gatos vivos como carnada para tiburones” (2.684.398), “Experimento: seis grados de separación” (2.614.737).
Uno lee esos números tan altos y llega a decir: “Huy, hay mucha gente comprometida con los niños”, “Huy, hay mucha gente comprometida en hacer el grupo más grande en facebook”, “Huy, hay mucha gente comprometida en salvar a los perros y a los gatos”, y, finalmente, “Huy, hay mucha gente comprometida en querer tener contacto con la gente famosa”. La pregunta que es necesario hacerse es: ¿Por qué se hace un click para pertenecer a uno de esos grupos? ¿Es evidente que se hace por la causa que llevó a fundarlo? ¿Hay compromiso en la persona que hace un click para pertenecer a un grupo de facebook? Nunca se va a saber las respuestas a estas preguntas, pero me inclino a pensar que en los grupos de las campañas políticas funciona el mismo compromiso que en el grupo “Los que creen que este banano tiene más Fans que Daddy Yankee”.
Pertenecer a un grupo de facebook construye MASA… MASIFICA. Es la lógica que nombra Freud en Psicología de las masas y análisis del yo”: “En la masa, desaparecen las adquisiciones de los individuos, y, por tanto, su peculiaridad. Lo heterogéneo se funde en lo homogéneo”. Reconocer este fenómeno de masas me da la pista para seguir pensando en el facebook como método de campaña electoral.
Son varias las características de las masas, pero en esta oportunidad me centraré en una, la que más parece a mis ojos. Dice Freud:
“Las masas nunca conocieron la sed de la verdad. Piden ilusiones, a las que no pueden renunciar. Quien quiera influir la masa no necesita presentarle argumentos lógicos; tiene que pintarle las imágenes más vivas, exagerar y repetir siempre lo mismo”.
Ésta es la característica de la masa que quisiera subrayar: las masas no piensan. Esto lo podemos ver en un partido de fútbol, en una iglesia, en el ejército. Cuando alguien se inscribe en uno de estos grupos como hincha, feligrés o militar, se le pide fundamental mente una cosa: “No piense. Ame la causa”.
Uno lee con juicio la frase de Freud y paralelamente ve el fenómeno de la Mockusmanía y algunas preguntas lo tienen que asaltar. Una de ellas: ¿Cuántos de los miembros de los incontables grupos que le hacen campaña al profesor, han leído su programa de gobierno? Esta pregunta me surge, no sólo por coherencia teórica con una noción freudiana, sino también porque lo que se escucha cuando la gente habla de Mockus, ya sea por defenderlo, o por atacarlo, son frases y situaciones sacadas de contexto que desvirtúan el carácter argumentativo del profesor.
Son varias las frases con las cuales puedo ejemplificar lo que digo en el párrafo anterior. La gente dice que:
1. Mockus va a atacar a la guerrilla con girasoles.
2. Mockus cambió Bogotá, entonces también puede cambiar a Colombia.
3. Mockus va a convertir a Colombia en un segundo Caguán.
4. Mockus admira a Chávez.
5. Mockus va a acabar con el ejército.
6. Mockus va a extraditar a Uribe y a Santos.
7. Mockus le va a tirar un vaso de agua a sus contradictores.
8. Mockus va a traer la paz a Colombia.
9. Mockus va a dialogar con la guerrilla mostrándoles el culo.
Es entendible que se digan estas frases, pues es claro, a mi juicio, que las masas no piensan; es claro que a las masas no les interesa acercarse a la verdad. Ellas, simplemente, escuchan la idea, el chisme, y, repiten cual verdad apodíctica, incuestionable: “Por ahí andan diciendo que…”. Estoy casi seguro que muchos de quienes atacan o ensalzan al profesor con esas frases, no se han sentado a pensar cuál es el contexto de esa frase, en qué documento lo dijo, a qué punto del programa pertenece. Y estoy casi seguro de ello porque el colombiano promedio no lee, no quiere leer, no le interesa leer, le parece aburrido leer… el colombiano promedio hace cualquier cosa, menos leer. Una cultura que no lee nunca podrá ser una cultura democrática. En Colombia hay gente que opina, gente que responde preguntas de encuestas, gente que se inventa chismes, pero no gente que se instruya en relación con los programas políticos de los candidatos.
El profesor Mockus pide que lo juzguemos por los métodos utilizados. Pues bien, creo que es necesario afinar algo en este ámbito, pues hay una labor educativa con respecto a su programa que no se está haciendo. Sus colaboradores de campaña se dieron cuenta de la potencia tan grande que tiene el facebook para masificar a la gente, y se han debilitado en la consistencia educativa para dar a conocer la propuesta. Enfilaron sus energías en la misma lógica masificada de las campañas tradicionales, y se les olvidó que al interior de la propuesta hay una dimensión educativa que quedó desdibujada.
La OLA como método no se diferencia de las propuestas tradicionales. Es verdad que estamos siendo más eficaces, pero no me parece evidente que detrás de un click para pertenecer a uno de los grupos, haya una persona racionalmente motivada para votar por el candidato verde.
¿Qué tendremos que hacer para que la fiebre no sea el único motivo para votar por Mockus? La democracia necesita gente que trabaje; no gente que espere a que San Mockus los salve de la infelicidad.
¡Salve, Mockus!
MARLON CORTÉS
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