lunes, 23 de agosto de 2010

LA DIVISIÓN DEL SUJETO EN VOZ DE JAIME Y DE BAYLY

http://peru21.pe/impresa/noticia/aun-pronto-morir/2009-11-09/26059

miércoles, 18 de agosto de 2010

manual de sexualidad para jóvenes

http://cjex.org/component/docman/doc_download/12-fanzine-qel-placer-esta-en-las-manosq.html&h=4590d

domingo, 11 de julio de 2010

Obesidad

Ingrid, la loca

martes, 4 de mayo de 2010

Cuentas de alguien que no sabe matemáticas

Hagamos unas cuentas "a vuelo de pájaro":
En Colombia somos 45.426.285.
La población apta para votar es de: 26.000.000.
La abstención está en un 55%; es decir: 14.300.000
Vota el 45%; es decir: 11.700.000
Siguiendo las estadísticas, el 39% votará por Mockus; es decir: 4.563.000
En Colombia hay 4,519,320 personas con FACEBOOK.
Según la encuesta de la página "El reemplazo de Uribe", en Facebook, el 58% vota por Mockus, es decir: 2.621.205

PENSAMIENTOS LIGEROS
1. Con dos millones y medio, no se ganan las elecciones.
2. Están (estamos) votando energías con tanta invitación por facebook. La campaña de Mockus ya parece un spam.
3. Es tiempo de dirigir las energías hacia las personas que NO TIENEN FACEBOOK.
4. Para ello, hubieran servido mucho los 4.500 millones de pesos a los que renunció el profesor Mockus.
¡Salve, Mockus!

sábado, 1 de mayo de 2010

LA OLA COMO METODO

… y sigue repuntando el profesor¡¡¡¡… la ola verde cada vez es más grande… camisetas verdes aparecen por doquier… mensajes por facebook… por correo electrónico… por todas partes. ¡La Mockusmanía llegó!… pero, ¿ sabe la gente con alguna veracidad a qué se está inscribiendo?
El profesor dice: “Recordemos siempre que seremos juzgados por nuestros métodos”.
Es claro que el método primero y principal para este candidato es el facebook. ¿Qué se puede decir de esta red social como método de campaña política?
El facebook como método se podría definir fundamentalmente como un fenómeno de masas. Día a día nacen cientos, miles de grupos y aplicaciones cuyo objetivo fundamental es seducir para que la gente se identifique con tal persona, o con tal causa. “Los que creemos que esta banano tiene más fans que Daddy Yankee”, “Caravana en contra del proyecto anti-moto”, “A mí no me tiembla la mano para votar por Mockus”, “Marcha mundial por la paz y la no violencia”, etc. A sólo un click uno se inscribe en el grupo, y entonces se van sumando los miembros.
Puedo decir que en este momento yo soy miembro de 200 grupos, que es el límite permitido. Y algunos de ellos tienen muchísimos miembros. En una lógica loca, incluso hay un grupo que se llama: “El grupo más grande en Facebook”, con 1.329.978 miembros. ¿Objetivo? Sólo uno: armar el grupo más grande en facebook. Incluso, éste no es el grupo que tiene más miembros; hay otros tres que lo doblan: “Alimentar a un niño con un solo click”(2.898.721), “Contra la utilización de perros y gatos vivos como carnada para tiburones” (2.684.398), “Experimento: seis grados de separación” (2.614.737).
Uno lee esos números tan altos y llega a decir: “Huy, hay mucha gente comprometida con los niños”, “Huy, hay mucha gente comprometida en hacer el grupo más grande en facebook”, “Huy, hay mucha gente comprometida en salvar a los perros y a los gatos”, y, finalmente, “Huy, hay mucha gente comprometida en querer tener contacto con la gente famosa”. La pregunta que es necesario hacerse es: ¿Por qué se hace un click para pertenecer a uno de esos grupos? ¿Es evidente que se hace por la causa que llevó a fundarlo? ¿Hay compromiso en la persona que hace un click para pertenecer a un grupo de facebook? Nunca se va a saber las respuestas a estas preguntas, pero me inclino a pensar que en los grupos de las campañas políticas funciona el mismo compromiso que en el grupo “Los que creen que este banano tiene más Fans que Daddy Yankee”.
Pertenecer a un grupo de facebook construye MASA… MASIFICA. Es la lógica que nombra Freud en Psicología de las masas y análisis del yo”: “En la masa, desaparecen las adquisiciones de los individuos, y, por tanto, su peculiaridad. Lo heterogéneo se funde en lo homogéneo”. Reconocer este fenómeno de masas me da la pista para seguir pensando en el facebook como método de campaña electoral.
Son varias las características de las masas, pero en esta oportunidad me centraré en una, la que más parece a mis ojos. Dice Freud:
“Las masas nunca conocieron la sed de la verdad. Piden ilusiones, a las que no pueden renunciar. Quien quiera influir la masa no necesita presentarle argumentos lógicos; tiene que pintarle las imágenes más vivas, exagerar y repetir siempre lo mismo”.
Ésta es la característica de la masa que quisiera subrayar: las masas no piensan. Esto lo podemos ver en un partido de fútbol, en una iglesia, en el ejército. Cuando alguien se inscribe en uno de estos grupos como hincha, feligrés o militar, se le pide fundamental mente una cosa: “No piense. Ame la causa”.
Uno lee con juicio la frase de Freud y paralelamente ve el fenómeno de la Mockusmanía y algunas preguntas lo tienen que asaltar. Una de ellas: ¿Cuántos de los miembros de los incontables grupos que le hacen campaña al profesor, han leído su programa de gobierno? Esta pregunta me surge, no sólo por coherencia teórica con una noción freudiana, sino también porque lo que se escucha cuando la gente habla de Mockus, ya sea por defenderlo, o por atacarlo, son frases y situaciones sacadas de contexto que desvirtúan el carácter argumentativo del profesor.
Son varias las frases con las cuales puedo ejemplificar lo que digo en el párrafo anterior. La gente dice que:
1. Mockus va a atacar a la guerrilla con girasoles.
2. Mockus cambió Bogotá, entonces también puede cambiar a Colombia.
3. Mockus va a convertir a Colombia en un segundo Caguán.
4. Mockus admira a Chávez.
5. Mockus va a acabar con el ejército.
6. Mockus va a extraditar a Uribe y a Santos.
7. Mockus le va a tirar un vaso de agua a sus contradictores.
8. Mockus va a traer la paz a Colombia.
9. Mockus va a dialogar con la guerrilla mostrándoles el culo.
Es entendible que se digan estas frases, pues es claro, a mi juicio, que las masas no piensan; es claro que a las masas no les interesa acercarse a la verdad. Ellas, simplemente, escuchan la idea, el chisme, y, repiten cual verdad apodíctica, incuestionable: “Por ahí andan diciendo que…”. Estoy casi seguro que muchos de quienes atacan o ensalzan al profesor con esas frases, no se han sentado a pensar cuál es el contexto de esa frase, en qué documento lo dijo, a qué punto del programa pertenece. Y estoy casi seguro de ello porque el colombiano promedio no lee, no quiere leer, no le interesa leer, le parece aburrido leer… el colombiano promedio hace cualquier cosa, menos leer. Una cultura que no lee nunca podrá ser una cultura democrática. En Colombia hay gente que opina, gente que responde preguntas de encuestas, gente que se inventa chismes, pero no gente que se instruya en relación con los programas políticos de los candidatos.
El profesor Mockus pide que lo juzguemos por los métodos utilizados. Pues bien, creo que es necesario afinar algo en este ámbito, pues hay una labor educativa con respecto a su programa que no se está haciendo. Sus colaboradores de campaña se dieron cuenta de la potencia tan grande que tiene el facebook para masificar a la gente, y se han debilitado en la consistencia educativa para dar a conocer la propuesta. Enfilaron sus energías en la misma lógica masificada de las campañas tradicionales, y se les olvidó que al interior de la propuesta hay una dimensión educativa que quedó desdibujada.
La OLA como método no se diferencia de las propuestas tradicionales. Es verdad que estamos siendo más eficaces, pero no me parece evidente que detrás de un click para pertenecer a uno de los grupos, haya una persona racionalmente motivada para votar por el candidato verde.
¿Qué tendremos que hacer para que la fiebre no sea el único motivo para votar por Mockus? La democracia necesita gente que trabaje; no gente que espere a que San Mockus los salve de la infelicidad.
¡Salve, Mockus!

MARLON CORTÉS

sábado, 10 de abril de 2010

MOCKUSMANÍA VERDE

Con cierta preocupación observo lo que se comenzó a llamar como la Mockusmanía. ¡Mockusmanía! Por eso busco la definición de “manía” en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua y me encuentro con lo siguiente:
manía.
(Del lat. manĭa, y este del gr. μανία).
1. f. Especie de locura, caracterizada por delirio general, agitación y tendencia al furor.
2. f. Extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada.
3. f. Afecto o deseo desordenado. Tiene manía por las modas.

Locura, delirio general, furor, extravagancia, capricho, afecto o deseo desordenado. No me gusta este hallazgo semántico. Me parece que nos equivocamos de nuevo cuando endiosamos a una figura, atribuyéndole, tal vez, poderes sobrenaturales, que no existen. Incluso me arriesgo a pensar que ésa fue una de las equivocaciones con el señor Uribe: Colombia pensó que lo iba a salvar de todos los males… Obviamente, eso que se esperó, no sucedió, a pesar de que algunos medios de comunicación se empeñen en decir lo contrario.
Me preocupa, no tanto el Parkinson de Mockus, sino al posible Alzheimer del pueblo colombiano. Se nos olvida lo que, no sólo en Colombia, sino en el mundo entero, ya hemos aprendido: atribuirle un carácter mesiánico a cualquier personaje nos lleva, ineludiblemente, a la absurda decepción. Doy el calificativo de “absurdo”, pues es una decepción que aparece, tal vez no por la falencia del personaje, sino porque se espera más de lo posible. Creo, a veces, en la sabiduría popular cuando dice: No le pida peras al olmo. El olmo es un árbol cuyo fruto son las sámaras, que es un fruto seco. No pedirle peras al olmo es, finalmente, ser lo más realistas posible, y entonces, no esperar más. El profesor Estanislao Zuleta viene a mi ayuda y me regala la siguiente cita de su ensayo “El elogio de la dificultad”:
“Nuestra desgracia no está en la frustración de nuestros deseos, sino en la misma forma de desear. Deseamos mal.”
El problema no es, según este autor, que no consigamos lo que queramos, sino en qué es lo que queremos. Deseamos mal, es mi parcializada opinión, cuando asumimos una actitud maníaca frente a un proceso democrático como el que tendremos próximamente.
Entonces, ¿qué es desear bien?
Mockus es humano, no un dios. Por lo tanto, si esperamos que responda como dios, el problema no será de Mockus, sino de los feligreses que, ciegamente, votarán por él. ¿Sí será cierta tanta belleza? ¿Sí será cierta tanta honestidad? ¿Tanta ciudadanía? ¿Tanta educación? ¿Tanta….? ¿Sí serán verdad tantas cosas bellas juntas? ¿Un humano, como lo es el profesor Mockus, tendrá la capacidad de responder a tan altas esperanzas? Creo que quienes viven cerca de él sabrán decir que él no es dios y que, por lo tanto, la mezquindad, muy seguramente, también cabalga en su vida.
Recordemos, que con el señor Uribe pasó algo parecido. Cuando se postuló como presidente de la república, muchos creímos en él, muchos lo endiosaron, muchos votamos por él. ¿Cuántos de nosotros leímos y estudiamos el programa político del actual presidente por allá en el 2002? ¿Cuántos votaron embriagados por la experiencia religiosa de haber encontrado al salvador de todos nuestros males? ¿Cuánto de hipnosis hay en el acto medio maníaco de enarbolar las banderas de un partido?
Yo sé que la formación política de nosotros los colombianos es pobre. Sé que buena parte de la votación se compra. Sé que muchos votan buscando al mesías que los saque de la olla en la que se encuentran. Por eso nos merecemos a los gobernantes que tenemos. ¿Será que si votamos por Mockus, convirtiéndolo en Mesías, nuestra historia cambiará? Estoy seguro que va a decepcionar a la gran mayoría de colombianos, pero el problema no será Mockus, el problema será la manera religiosa medieval en la cual vota el colombiano promedio.
Desear bien en política tiene poco que ver con la manía. Frente a la locura, la razón. Frente al delirio general, la pausa de la decisión mesurada. Frente al furor, el estudio minucioso de los programas políticos. Frente a la extravagancia, la sencillez en la exposición de las ideas. Y, finalmente, frente al afecto desordenado, el amor por el bien común.
Pero, deseamos mal. Parece que se va a repetir una constante en la historia de nuestro país: el caudillismo. ¿Cuándo aprenderemos que nadie salva a nadie, que la hipnosis es un proceso psíquico en el cual el hipnotizado tiene la mayor parte de responsabilidad? ¿Cuándo aprenderemos que la democracia, fundamentalmente, es el empoderamiento racional de las mayorías?
Quienes me conocen, saben que votaré por Mockus. Y quienes me conocen un poco más, saben que pocas son las cosas que trago entero. La mejor de ellas, un trago de tekila, con limón y sal.
¡Salve, Mockus!