miércoles, 22 de septiembre de 2010

FUE SIN QUERER QUERIENDO -Sobre la responsabilidad de los adolescentes en su embarazo-

FUE SIN QUERER QUERIENDO
-Sobre la responsabilidad de los adolescentes en su embarazo-

Las estadísticas de embarazo en adolescentes siguen siendo alarmantes para los estudiosos de la salud pública en Colombia. La ENDS se ha realizado los años 1990, 1995, 2000 y 2005. En cada uno de esos años, aparece una tabla global midiendo el porcentaje de adolescentes en embarazo, o que ya hayan tenido algún hijo. La tabla que aparece a continuación articula varios elementos: año de la encuesta (primera fila), edad de la adolescente encuestada (primera columna), porcentaje de adolescentes en embarazo (desde la segunda a la quinta columna) o que ya han tenido algún hijo, y el número total de adolescentes encuestados (cifra entre paréntesis). Uniendo estos elementos se puede construir una tabla comparativa, año tras año, así:

Año

Edad 1990 1995 2000 2005
15 3.1 (389) 4.9 (515) 3.2 (431) 6.5 (1506)
16 8.1 (404) 9.4 (431) 11 (442) 11 (1379)
17 12.1 (313) 14 (429) 20.3 (447) 19 (1380)
18 18.4 (345) 25.6 (422) 26.7 (507) 29.6 (1324)
19 25.1 (327) 38.6 (359) 32.9 (473) 39.1 (1313)

Año tras año, el porcentaje de adolescentes en embarazo aumenta, trayendo como consecuencia más problemas de salud tanto para la madre como para el niño, la multiplicación de la pobreza, y el crecimiento acelerado de la población (Stern, 1997: 2). Esos son problemas de salud pública que interesan en mayor medida a salubristas, médicos, trabajadores sociales, etc. El psicoanálisis no demerita el valor de las estadísticas, pues ellas muestran las tendencias básicas que los seres humanos estamos siguiendo en relación a algunos problemas específicos de la cultura; en este caso, el embarazo en adolescentes. Analizando dichas estadísticas, es posible deducir que algo pasa en el adolescente de hoy, distinto a lo que pasaba en el adolescente de hace 20 años, pues el porcentaje de embarazos en esta población, ha variado, ha aumentado. El psicoanálisis se ubica a la altura de nuestro tiempo cuando se lanza a comprender los fenómenos actuales con la batería de conceptos que esta disciplina le ha aportado al humano saber.
Comencemos aclarando algo: cuando un psicoanalista se acerca a un fenómeno, no es una tabula rasa, ni quiere serlo. Se acerca, mínimamente, con una noción de sujeto, con la cual privilegia ciertos aspectos del fenómeno, tales como la equivocación, el lapsus, el olvido, etc; todos, manifestaciones del sujeto en la palabra de la persona entrevistada. Para este fenómeno del embarazo en adolescentes en particular, llama la atención que usualmente los adolescentes digan: “fue una equivocación”, “fue un error”, “yo no lo quise así”, “se me olvidó”, “no fui capaz de detenerme”, etc. De ahí que el embarazo en adolescentes cobre tanto interés para el psicoanálisis, pues es algo que sucede, en la mayoría de los casos, sin el consentimiento de los implicados, es decir, de una manera inconsciente. De ello dan cuenta las expresiones arriba citadas. Y entonces surge la pregunta: ¿cómo aparece la responsabilidad en del adolescente en su embarazo?
I. Entrevistas .
Para responder esta pregunta, el primer insumo es un grupo de entrevistas que se hizo con un grupo de adolescentes. En su análisis se encontraron varios elementos que se repitieron con cierta insistencia:
1. La familia también tiene que hacerse responsable del embarazo de la adolescente.
Varios de los dichos son los siguientes:
“Es algo que no sólo le ocurre a usted sino que le ocurre también a la vida de las personas que lo rodean en el sentido de que por ejemplo una niña de 14 años tiene un niño, ya no va a correr con esa responsabilidad, sino que las personas que la rodean tienen que meterse ahí a ayudarle”
“La responsabilidad cae sobre uno y la familia de uno”.
“Hay unas niñas que se apresuran a tener bebés y no es la responsabilidad tanto de ellas sino de la madre, el padre, los hermanos mayores, el ayudarle a sacar adelante, a que no se enferme, a tener los cuidados necesarios”.

A partir de este primer grupo de dichos, la noción de responsabilidad que se infiere está muy relacionada con el deber. Es decir que los dichos hablan sobre quién debe hacerse cargo del hijo del adolescente. Es muy claro que, en la mayoría de los casos, es su familia quien se hace cargo del niño, pues, evidentemente, hacer esto implica dinero, que es precisamente lo que no suele tener el adolescente.
Hay un segundo grupo de dichos que relacionan la responsabilidad con la causa de lo que pasó; es decir, lo que ellos mencionan cuando se preguntan: ¿quién tuvo la culpa de lo que pasó?

“Los padres tienen mucho que ver en eso también porque si un padre le da la libertad a la hija a salir por ejemplo a las 10 de la noche hasta la madrugada, entonces ella va a hacer muchas cosas durante la noche; entonces como dice el dicho: se acuestan dos y terminan tres”
“Los padres, por ejemplo una niña puede salir, le pueden dar libertad, no libertad exagerada, pero sí puede divertirse, tiene derecho, pero si los padres le dan un buen conocimiento, un buen seguimiento desde pequeños, la niña va a saber qué es bueno y qué es malo, y sin la niña sabe qué es tener dignidad y todo, la niña puede no quedar en embarazo a tan temprana edad. Yo no estoy diciendo que la niña de 14 años no tiene dignidad porque está en embarazo, yo no estoy diciendo eso, sino que eso viene también mucho con que los padres las aconsejan”.
“Eso también es por culpa de los padres, porque ellos los dejan hacer lo que quieran, les dan libertad, los dejan salir a cualquier hora”.
“Hay niñas que las mantienen encerradas, entonces estas niñas se aprovechan por ejemplo de que algún día las dejaron salir o le dieron la forma como salieran y esas niñas lo que no pueden hacer en toda la vida de ellas, lo hacen en un solo momento y ahí eso se desordenan y quedan así. Por eso yo pienso que la culpa también es de los padres”.
“Eso también es problema de la educación de los padres, que dejan televisores en los cuartos de los hijos y no saben hasta qué horas están viendo televisión; existen muchos programas pornográficos que no les ponen bloqueo ni les enseñan a los hijos que no tienen que ver eso y los hijos por conocer, se ponen a ver eso y empiezan a enrolarse en esas tramas y ahí quedan en el vicio de la pornografía”.

Cuando estos adolescentes se preguntaron por la causa, y, como dicen ellos, por quién es el culpable de lo que pasó, en muchos de sus dichos, aparecen los padres como aquellos personajes que le dan mucha libertad a los adolescentes, los dejan salir hasta muy tarde, no se dan cuenta de la pornografía que ven en la televisión cuando se acuestan a altas horas de la noche, y además, no los aconsejan sobre lo que es bueno o no.
2. El segundo elemento que se repite con cierta insistencia es la creencia generalizada de que el joven sólo piensa en pasar bueno.
Varios de los dichos de los adolescentes en esta dirección son los siguientes:
“El joven simplemente se deja llevar por el placer”.
“¿Los niños ahorita qué piensan? Rumba, juego, comida, dormir, mujeres y vuelve y juega rumba, comida, mujeres; ellos no piensan en trabajo porque mi papá me lo da todo; ellos no piensan en responsabilidades porque no las tienen; ellos no piensan en nada de eso. Estamos metidos en un mundo donde los jóvenes hacen lo que les da la gana”
“Digamos que los jóvenes van un sábado a una discoteca, una taberna, resultan en el momento donde llegan esas emociones, las niñas se lo dan a cualquiera, o no a cualquiera porque una mujer tampoco se lo da a cualquiera. En ese momento no tiene ni condones ni nada, que es la forma más fácil de planificar y se van. El pelao piensa: cuando yo me vaya a botar yo lo saco y listo, queda ahí, llega el momento en que comenzó a botar, no, no soy capaz de sacarlo, pasó el momento y todo y ya, y al tiempito se dio cuenta que estaba embarazada, entonces sí ve que llegó la forma en que no se pudo planificar?”.
“Eso no tiene que ser en una discoteca, en la casa, donde sea y llegó… la situación que el compañero dice no es que se presenta en una discoteca, está usted con sus deseos y llegó la dama, puede ser la más fufa en fin pero llegó la dama y se le dio la oportunidad, se dejan llevar por los deseos, ahí no se puede planificar porque uno no va preparado, o si le da de pronto en la casa usted no esperaba visita, usted no tiene condón y llegó, usted está solo, ahí se da la oportunidad, ahí por ejemplo qué va a planificar uno? Usted se pone a pensar eso…”
“Como uno está tan joven y es tan descuidado, a uno no le importa, a uno no le importa salir si está lloviendo, a uno no le importa si sale y está lloviendo, no le importa si tiene relaciones y no está protegido, uno es como … hay jóvenes, no lo digo por mí sino que hay jóvenes que no piensan bien en las cosas, no analizan las cosas”.

Cuando los adolescentes se preguntan por la causa del embarazo en la adolescencia piensan también en su condición de jóvenes. Parecieran decir que esencialmente, ellos sólo piensan en placer, y dicho placer está desligado totalmente de cualquier cosa que hable sobre prevención, cuidado y responsabilidad. Según ellos, la condición juvenil hace que ellos tiendan hacia el sexo desmedido; y si es desmedido, entonces está propenso a las consecuencias, usualmente mortíferas, de tener sexo sin protección. Es como si dijeran: ¡Qué culpa nosotros de nuestros embarazos si somos jóvenes, y a los jóvenes nos gusta el sexo sin protección!

Comentario final de las entrevistas en relación a la responsabilidad
Hay dos maneras de entender la responsabilidad:
Una, asemejándola a la noción de deber; y está claro para los adolescentes que quienes asumen la responsabilidad del hijo no es sólo él, sino toda la familia.
Y dos, asemejándola a la noción de culpa. Ellos plantean que la culpa es de los padres por el exceso de libertad que les dan y por no darles buenos consejos en relación a lo que deben o no hacer cuando están solos con su pareja.
Por otro lado, cuando se les invita a seguir pensando en la responsabilidad de su embarazo, aluden a su condición juvenil, como una condición irresponsable, que no piensa, y que le da rienda suelta a su satisfacción.
Atendiendo sólo al trabajo de campo realizado da la impresión de que ellos perciben que las riendas de su vida no las tienen ellos mismos, sino algo que está más allá de ellos: su familia, y su condición juvenil.
Se podría concluir a partir de este pequeño trabajo de campo que hay jóvenes que no se perciben como responsables de su embarazo.
Y entonces se entiende algo: en muchas ocasiones, las intervenciones psicológicas y educativas que se construyen para el adolescente en embarazo, mantienen esta misma lógica según la cual él es víctima de un sinnúmero de factores que finalmente lo llevan a esa condición. Por eso se habla de la pobreza, el abuso sexual, la falta de educación, la familia dividida, etc., como factores sociales que causan esta problemática. Posiblemente, es a causa de estos modelos explicativos que los jóvenes, de manera repetida, hablan de su embarazo siempre sacándose a sí mismos del eje de la problemática: el otro no me educó bien, el otro me da mucha libertad, mi cuerpo (por ser joven) busca mucho placer, mis padres no me aconsejaron bien, eso me pasó inconscientemente, etc. Finalmente, todas esas explicaciones apuntan en una dirección: el adolescente padece sus vivencias sexuales.
Por eso, pensar el embarazo en adolescentes desde el psicoanálisis implica volver a la revolución conceptual que hizo Freud en su época; pero ya no en relación a que el mundo acepte la sexualidad de los niños, sino la de los adolescentes. Alguien podrá decir: siempre, incluso en la época de Freud se dijo que los adolescentes tienen sexualidad. Y respondo: sí, pero esa sexualidad que se le atribuye al adolescente es dessexualizada, y hasta podría decir, deshumanizada. Es decir, vista desde el modelo animal, que sirve para la reproducción, es heterosexual y monogámica. Con una concepción así, la vida sexual se padece como la padecen los animales, y entonces el sujeto queda borrado.
¿Qué características tiene una sexualidad sexualizada a partir del psicoanálisis?
- Siempre somos responsables de ella.
- Nuestra sexualidad no suele tender a la felicidad.

II. Una sexualidad sexualizada es responsable.
Para explicar la noción de responsabilidad, partamos de dos dichos de los mismos adolescentes en relación a su embarazo: “yo no quería quedar en embarazo, pero pasó”, “son cosas que pasan y uno ni se da cuenta cuándo ni cómo”.
Si asumimos que uno sólo es responsable del “yo-consciente”, entonces el embarazo en adolescentes siempre será asumido como un accidente, como algo que sucede por fuera del poder del sujeto. La frase popular reza así: “eso fue inconsciente”. Y pareciera ser que, en tanto que fue un acto inconsciente, entonces, exime al sujeto de la responsabilidad.
Parados epistemológicamente en el psicoanálisis, la cuestión se subvierte, del mismo modo que Freud subvirtió el orden cuando planteó que el niño era sexuado. ¿En qué consiste dicha subversión? En que somos responsables de los actos que denominamos como inconscientes. En Argentina, hay una expresión juvenil que llamó mi atención; cuando a una adolescente se le olvidan las pastillas, ella dice: “Huy, me colgué. No tomé las pastillas”. En esa expresión hay una relación entre un olvido y colgarse; en ese dicho, aparece, inconscientemente, algo del lado de la responsabilidad en el olvido: me colgué es lo mismo que decir me olvidé. He ahí la subversión del psicoanálisis: el sujeto de la responsabilidad aparece fundamentalmente en las formaciones del inconsciente: el olvido, el sueño, el lapsus, y el síntoma. Por eso es que en psicoanálisis, la verdad del sujeto no está en la conciencia, sino en la inconsciencia. “Cuando no pienso, soy”, dice Lacan.
Pero, ¿qué es la responsabilidad?
Héctor Gallo la define del siguiente modo: “es hacerse cargo de su verdad.” Aparece cuando un sujeto reconoce que su ser está puesto en todos sus actos, incluso, en los que se escapan de su control. Por eso un psicoanalista cuando lee alguna situación, lo que hace en todo momento es preguntarse por la verdad subjetiva que hay implicada allí. No se niegan los contextos culturales, las familias, las instituciones educativas que rodean al sujeto, pero sí se subraya el hecho de que siempre hay una respuesta del sujeto frente a su entorno. Por más hostil que sea el entorno del niño o del adolescente, ellos (cada uno) siempre responden de una manera particular dependiendo de su subjetividad.
Por eso desde el psicoanálisis no es posible ubicar la causa del embarazo en adolescentes en los condicionamientos externos. Cuando se hace esto, los modos de intervención apuntan en esa misma dirección, es decir, a modificar el entorno de los adolescentes, pues se espera que de ese modo ya no estarán en situaciones de riesgo: los padres de familia les controlan la hora de llegada a la casa, los educadores les hablan sobre las personas que posiblemente puedan abusar de ellos, los alcaldes imponen la hora zanahoria, etc. ¿Resultado final? Los adolescentes tienen sexo en las mañanas (en los baños de los colegios), los adolescentes son quienes acosan a sus compañeros y/o compañeras, y los adolescentes arman rumbas en casas de donde el alcalde no los puede sacar. Es decir: imponga el control que imponga, la decisión de quedar en embarazo está en el mismo adolescente.
¿El acto inconsciente es una decisión? Miren lo que dice un adolescente, y juzguen:
“Digamos que los jóvenes van un sábado a una discoteca, una taberna, resultan en el momento donde llegan esas emociones, las niñas se lo dan a cualquiera, o no a cualquiera porque una mujer tampoco se lo da a cualquiera. En ese momento no tiene ni condones ni nada, que es la forma más fácil de planificar y se van. El pelao piensa: cuando yo me vaya a botar yo lo saco y listo, queda ahí, llega el momento en que comenzó a botar, y no, no soy capaz de sacarlo, pasó el momento y todo y ya, y al tiempito se dio cuenta que estaba embarazada, entonces sí ve que llegó la forma en que no se pudo planificar?”.
En ese dicho el adolescente habla de todas las situaciones que se le salen de las manos. El psicoanalista quiere no ser ingenuo, y entonces frente a cada frase en posición de víctima, ubica una pregunta que apunta a la responsabilidad, así:
- “Resultan en el momento donde llegan esas emociones”. ¿El momento no es propiciado? ¿Les pusieron un revólver en la cabeza para que fueran a la discoteca a perriar?
- “Las niñas se lo dan a cualquiera”. ¡Ah!, claro. Es culpa de las niñas que se lo dan a uno. El muchacho que habla es víctima del acoso de ellas.
- “En ese momento no tiene ni condones ni nada”. ¿Y quién tiene que comprar los condones? ¿Los papás? ¿El Estado?
- “Llegó el momento en que comenzó a botar, y no, no soy capaz de sacarlo”. ¡Pobrecito! Víctima del placer.
Frente al discurso que dessexualiza la sexualidad, el psicoanálisis subraya que de ella siempre somos responsables. Es decir: allí siempre se juega una porción de verdad del sujeto implicado.

III. Una sexualidad sexualizada no tiene como fin unívoco el placer.
Dice un entrevistado:
“Es que por ahí dicen que el ser humano también es un animal, y entonces uno siempre está buscando sexo por ahí. Y no sólo en las discotecas, sino en el colegio, entre las amigas, en la calle. ¡Uno es un animalito!”.
No sólo los mismos adolescentes, sino también muchos estudiosos, ven su sexualidad con la simplicidad de lo animal: es un instinto y el producto de su satisfacción es el placer. Y entonces aparecen todas las voces moralistas satanizando la sexualidad, con un semblante de humanismo.
Así es como, en muchas ocasiones, la intervención del profesional de la educación, o el psicólogo, apunta a concientizar a los adolescentes de los riesgos a los que se exponen, esperando que sea la conciencia y la supuesta aspiración a la felicidad lo que controle sus actos. Entonces les damos información sobre métodos de planificación, sobre los riesgos de contraer una enfermedad de transmisión sexual cuando se tiene sexo sin protección, y, además se les da formación en valores, pues esto ayuda a que sus hábitos sexuales sean más moderados. Frente a esto, el adolescente responde así: “yo sé sobre los métodos de planificación y la importancia del condón, pero… ¿quién se va a poner a pensar en un condón en una calentura de ésas?”, “es que uno es joven, y como joven lo que nos interesa es pasar bueno”, “yo lo quise sacar antes de terminar, pero no fui capaz”. Hay algo del lado del adolescente que, de una manera acéfala busca constante y repetidamente, la satisfacción. Por eso es que el adolescente no es víctima de su embarazo; él como sujeto busca la satisfacción en algo relacionado con la situación de embarazo. Alguien preguntará: ¿cómo va a ser satisfactorio para un adolescente truncarse la vida con la crianza de un hijo? Dos vías para responder esta pregunta: por un lado, hay adolescentes que de manera directa dicen querer un hijo; y por el otro, hay adolescentes para los cuales tener un hijo representa algo muy conflictivo y problemático. En los dos casos, para el psicoanálisis, es un empuje a la satisfacción. Es de mi interés desarrollar un poco el segundo caso, y para ello es necesario tomar una noción psicoanalítica que subvierte la concepción animal que se tiene de la sexualidad humana: la condición masoquista de la satisfacción.
Para Freud, ese masoquismo es primordial , y es hermana de otras nociones lacanianas que con sólo nombrarlas nos dan una idea sobre la segunda subversión que introduce el psicoanálisis al momento de pensar la psiquis humana; las nociones son las siguientes: pulsión de muerte , autopunición , tendencia a la enfermedad y al fracaso , tendencia suicida . Esta subversión consiste en comprender que la tendencia básica del ser humano no es el éxito, sino el fracaso. Contrario a las concepciones desarrollistas del ser humano, el psicoanálisis comprende, desde Más allá del principio del placer, que la tendencia del sujeto no es el bien, ni el placer. Dice Freud: “La meta de toda vida es la muerte” . Lo animado tiende a lo inanimado; la vida aspira a un estado antiguo, inorgánico. Suena subversivo, sobre todo en esta época en la que proliferan discursos en los cuales sólo tiene cabida el éxito, el cumplimiento de los deseos, el progreso, la programación mental, etc. La lógica racional dice que frente al peligro uno debe huir, alejarse, protegerse. La lógica freudiana comprende que la psiquis humana es irracional y, por lo tanto, en muchas ocasiones el sujeto pareciera buscar la muerte, no la vida.
Para entender la relación entre la vida y la muerte, tomemos la banda de Moebius:

Esta banda tiene la particularidad de que si uno con el dedo recorre el borde externo, llega un momento en el que se pasa al borde interno. De ese modo es que se relaciona la vida y la muerte, el placer y el dolor. Es por eso que el adolescente comienza con el placer del sexo sin cuidarse, y llega un momento en el que, eso tan placentero, se convierte en algo doloroso, mortífero (un hijo a destiempo, una enfermedad de transmisión sexual, un lío afectivo). Con la banda de Moebius se puede entender la cercanía peligrosa entre lo vital del placer sexual y lo mortífero del mismo. Por eso es que una sociedad como la nuestra, catalogada como de las más felices en el mundo, con mucha facilidad se topa con los rostros de la muerte. Al exceso de placer le sucede una dimensión mortífera. De esto, nadie se escapa. Pero, y en esto es enfático el psicoanálisis, no por ser lo mortífero la tendencia inconsciente del sujeto, entonces deja uno de ser responsable de ello.
La satisfacción en lo mortífero es una de las nociones subversivas del psicoanálisis para comprender el embarazo en adolescentes.

A modo de conclusión
¿Por qué siguen en aumento las tasas de embarazo en adolescentes? El psicoanálisis responde en dos vías:
1. El adolescente busca satisfacerse sexualmente en contra de cualquier ideal cultural que la familia, la escuela y el Estado le ofrezcan.
2. En el núcleo de la satisfacción pulsional está la muerte.
“Fue sin querer queriendo”, es el título de este texto. Es la frase que el Chavo del Ocho dice cada que le pega un golpe al señor Barriga, aludiendo a que fue algo inconsciente, pero también a que es capaz de reconocer que también su querer estaba inmiscuido allí. Tal vez es la frase que debamos ayudarle a construir a los adolescentes de nuestros colegios y consultorios frente a cada uno de sus actos. Y entonces, sólo después de eso, tal vez el mismo adolescente decida algo en relación a la prevención de embarazos a destiempo. ¿Cómo? En otra ocasión será.



BIBLIOGRAFÍA


BIENESTAR FAMILIAR. PROFAMILIA. Encuesta Nacional de Demografía y Salud. Bogotá, 2005.
Freud, Sigmund. Más allá del principio del placer. Obras completas. Vol. XVIII. Amorrortu. Buenos Aires, 1979.
Gallo, Héctor. El Sujeto Criminal. Universidad de Antioquia. Medellín, 2007.
Gallo Restrepo, Nancy Eliana. Molina Jaramillo, Astrid Natalia. Evaluación de resultados inmediatos del proyecto Acciones de información, educación y comunicación en salud sexual y reproductiva para Medellín en 2007. En: Salud Pública de Medellín. Vol. 3, No. 1. Junio de 2008.
Lacan, Jacques. Los escritos técnicos de Freud. Paidós, Buenos Aires. 2002.
____________. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Paidós. Buenos Aires, 1983.
____________. La lógica del fantasma (inédito), 1966-7.
Quintero Benavides, Alejandra. Algunas ideas en torno al embarazo adolescente: un ejercicio biopolítico. Tesis para optar al título de Magister en Derecho. Universidad de los Andes. Enero, 2008.

lunes, 23 de agosto de 2010

LA DIVISIÓN DEL SUJETO EN VOZ DE JAIME Y DE BAYLY

Aún es pronto para morir
Autor: Jaime Bayly
Nada de lo que está pasando estaba remotamente en mis planes y por eso asisto pasmado, incrédulo y curioso a la vida de ese señor que supuestamente soy yo, pero que cada día me parece más un extraño, alguien que hace cosas que no puedo explicar ni justificar y a duras penas puedo contar.

De pronto a este señor se le ocurre que se irá a vivir a Bogotá y ni siquiera me lo consulta, lo anuncia a la prensa, firma unos contratos, graba unas promociones, viaja como un fanático con una misión, y ahora este señor y yo, o ese señor al que llaman Jaime Baylys y yo (que no elegí ser yo ni tampoco que llamaran Jaime Baylys a ese otro señor que anda por la vida diciendo que soy yo), estamos viviendo en Bogotá, así porque sí, porque el señor se encaprichó y me trajo como si yo fuera un bulto (que en realidad es lo que soy para él, para el señorito hablantín de Jaime Baylys que me lleva y me trae como si yo fuera su carry on, que es exactamente lo que soy para él).

Pues aquí estamos los dos, viviendo en una ciudad fría, arbolada, verde allá arriba, una ciudad con calles numeradas, una ciudad en la que Baylys me dice que hay más autos que personas y que está seguro de haber visto autos que van solos por las autopistas, una ciudad en la que no nos dejan caminar sin vigilancia porque Baylys tiene enemigos que lo quieren matar (incluyéndome), y entonces tenemos que salir los dos con chofer y guardaespaldas en camioneta blindada (un blindaje que creo redundante, porque la capa adiposa que se ha dejado crecer Baylys me parece ya a prueba de balas o, cuando menos, de perdigones).

Una noche dejo a Baylys durmiendo en el hotel y salgo a caminar y me pierdo por las calles de este barrio singularmente apacible y cuando regreso del paseo se me va el aire (es sabido que Baylys también pierde aire) y nos echamos los dos y de pronto sentimos que nos han puesto una bolsa de cemento encima del pecho, sentimos o siento (porque Baylys es tan desalmado que ya no siente nada) que alguien nos aprieta el pecho o se ha sentado sobre nosotros y el pecho está a punto de estallarnos y ese dolor opresivo, quemante, puede ser el anuncio de que un infarto segará con buen tino la inefable existencia de Jaime Baylys y me dejará en paz para ver en qué otro cuerpo consigo meterme cuando el suyo sea ya un cadáver flácido en descomposición.

Siendo entonces que el dolor nos agobia a ambos, es solo a Baylys a quien le preocupa morir, porque yo lo que quiero es escapar de ese señor y no verlo más, ese señor me ha hecho la vida imposible, me ha exhibido más de veinticinco años en todas las televisiones que se le han obsequiado y me ha maquillado cien mil y una noches y me ha hecho decir cosas por las que ahora siento verdadero hastío: digamos entonces que Baylys se asusta porque siente que va a morir en un hotel de Bogotá, ese incendio en el pecho y la respiración entrecortada y el vahído que presagia un desmayo no pueden ser sino señales de la muerte inminente, y digamos que en lo que a mí respecta, nos quedamos echados y esperamos el infarto, bienvenido sea, que cualquier cosa tiene que ser mejor que seguir viviendo encerrado como rehén en el cuerpo desfigurado y ventrudo de ese señor que va por la vida con aires de listillo haciéndose llamar Jaime Baylys.

Para mi desdicha, Baylys no quiere morir, tiene pánico a morir, no porque tema algún castigo divino o una reencarnación arácnida, sino porque está encantado de ser él mismo y dejar de serlo le parece espeluznante, atroz, insoportable (todo lo contrario de lo que pienso yo), y es por eso que encuentra fuerzas (fuerzas que creo que arranca de su ego, un ego que tiene las dimensiones de un océano) y se levanta de la cama y, mareado y con un zumbido en los oídos y el corazón bailando un mambo o mejor un vallenato, camina por los pasillos del hotel y comprende que si no llega pronto a una clínica será tiempo de morir infartado, asorochado, extenuado y todavía maquillado en esta ciudad a la que me trajo a vivir y por lo visto a morir también.

Baylys (hay que ver lo vanidoso que es) ha encontrado tiempo para ponerse un sombrero, un sobretodo negro y una bufanda y ahora está en la puerta del hotel buscando a Fabio, el conductor, y a John Jairo, el custodio, pero no aparecen en el horizonte brumoso de la calle ochenta y cuatro, han de estar durmiendo en sus casas, hartos de llevar y traer a Jaime Baylys, soportando su cháchara incesante, y entonces pienso que lo mejor sería caminar hasta que nos sorprenda la muerte y caer desplomados bajo un árbol añoso de esta ciudad en la que llueve una lluvia que a veces parece hielo, pero el señorito no comparte mi opinión de que ya va siendo hora de callar, de que nunca es pronto para morir en Bogotá, y entonces me sorprende haciendo gestos para detener a un taxi, subiéndose al vehículo y diciéndole al conductor:

-Por favor, lléveme a la clínica más cercana.
El taxista tiene la prudencia de no hacer preguntas y se enreda en una travesía serpentina, una cumbia resonando en los parlantes, y anuncia en pocos minutos que hemos llegado a la clínica El Country y que le debemos diez mil pesos. Baylys busca su billetera y no la encuentra, no hay billetera ni pesos para pagarle al conductor que nos ha traído a la velocidad de la luz a esta clínica. Baylys me sorprende, él siempre esconde un fajo bajo la manga: saca cien dólares, se los da al chófer y le dice:

-Hoy es su día de suerte.
Luego bajamos y caminamos hasta que la doctora Maite advierte que no nos sobran pasos ni respiros y que todo el aire que hemos venido perdiendo se nos ha ido ya y ahora estamos tratando de recuperar (si tal cosa es posible) el aire perdido y con el aire, la vida, esperando el que habrá de ser el último resoplido de esa ballena varada en esta clínica a la que ha venido a que le salven la vida que no merece que le salve nadie.

Cuando pienso que ya va siendo hora de terminar este sainete y salir corriendo de este señor y encontrar una compañía más digna, la doctora (que es joven, es guapa, ha reconocido a Baylys y le tiene simpatía) se apresura en auxiliarnos y en pocos minutos estamos tendidos, entubados, respirando oxígeno de insólita pureza, recibiendo urgentes atenciones para que no nos reviente el corazón como una piñata aporreada por los niños terribles que llevamos dentro (que alcanzan para varios cumpleaños y quedan sobrando: todo en Baylys ha sido siempre aniñado, pueril, una suma de niñerías, insolencias y desplantes de crío malcriado).

Gracias a la doctora Maite, salvamos la vida en la clínica El Country y ahora nos aprestamos a salir al aeropuerto para viajar a Lima y hospedarnos en el Country: se podría decir entonces que es la nuestra una vida signada por el vértigo de salir de un Country para entrar a otro Country, sin saber bien cuál es el hospital y cuál es el hotel y, sobre todo, cuál es el país, el country, en el que estoy, al que voy, del que vengo y al que me llevan sin consultarme. Curiosamente, me parece que Jaime Baylys me ha condenado a vivir de Country en Country y ser al mismo tiempo un apátrida without any country whatsoever, y por eso yo pensaba que no era pronto para morir aquella noche en Bogotá y él, que se cree inmortal o que cree que las cosas chapuceras que ha dejado escritas se leerán cuando no queden de él sino sus huesos (si no han sido antes cremados: en cuyo caso, cuando no queden de él sino sus cenizas), está encantado de seguir vivo, lleno de aire, respirando sin agitación, pidiéndole al camarero un jugo de guanábana más, echándole bastante salvado (que Fabio nos ha regalado, pues el conductor, hombre de verbo impredecible, nos dijo una noche: “Don Baylys se va a purificar si toma El Salvado”, y Baylys y yo pensamos que Fabio quería hablarnos de una congregación religiosa, y Fabio añadió: “Yo, desde que tomo El Salvado, me he purificado”, y Baylys le preguntó qué debía hacer para purificarse, y Fabio dijo que tomar Salvado en cucharadas, y al día siguiente se presentó con dos bolsas de Salvado y desde entonces Baylys y yo nos hemos hecho adictos al jugo de guanábana con Salvado y quién hubiera dicho que El Salvador iba a venir en una bolsa de quinientos gramos, lo que pesa el Salvado Fino) y llevándome cinco y seis veces al día al inodoro para confirmar lo que Fabio dijo: “Mire, don Baylys, pruebe El Salvado y ya verá cómo le purifica su, perdone la expresión, su materia fecal”.

Así las cosas, antes éramos solo dos, Jaime Baylys y yo, que lo sigo acompañando muy a mi pesar, y ahora somos ya tres, Baylys, el que esto escribe y el bendito Salvado salvador, alabado sea, que viene purificándonos y recuperándonos del incendio que casi nos quemó el corazón (y a la doctora Maite: el lunes paso por la clínica para pagar lo que le quedé debiendo).

LA DIVISIÓN DEL SUJETO EN VOZ DE JAIME Y DE BAYLY

http://peru21.pe/impresa/noticia/aun-pronto-morir/2009-11-09/26059

miércoles, 18 de agosto de 2010

manual de sexualidad para jóvenes

http://cjex.org/component/docman/doc_download/12-fanzine-qel-placer-esta-en-las-manosq.html&h=4590d

domingo, 11 de julio de 2010

Obesidad

Ingrid, la loca

martes, 4 de mayo de 2010

Cuentas de alguien que no sabe matemáticas

Hagamos unas cuentas "a vuelo de pájaro":
En Colombia somos 45.426.285.
La población apta para votar es de: 26.000.000.
La abstención está en un 55%; es decir: 14.300.000
Vota el 45%; es decir: 11.700.000
Siguiendo las estadísticas, el 39% votará por Mockus; es decir: 4.563.000
En Colombia hay 4,519,320 personas con FACEBOOK.
Según la encuesta de la página "El reemplazo de Uribe", en Facebook, el 58% vota por Mockus, es decir: 2.621.205

PENSAMIENTOS LIGEROS
1. Con dos millones y medio, no se ganan las elecciones.
2. Están (estamos) votando energías con tanta invitación por facebook. La campaña de Mockus ya parece un spam.
3. Es tiempo de dirigir las energías hacia las personas que NO TIENEN FACEBOOK.
4. Para ello, hubieran servido mucho los 4.500 millones de pesos a los que renunció el profesor Mockus.
¡Salve, Mockus!

sábado, 1 de mayo de 2010

LA OLA COMO METODO

… y sigue repuntando el profesor¡¡¡¡… la ola verde cada vez es más grande… camisetas verdes aparecen por doquier… mensajes por facebook… por correo electrónico… por todas partes. ¡La Mockusmanía llegó!… pero, ¿ sabe la gente con alguna veracidad a qué se está inscribiendo?
El profesor dice: “Recordemos siempre que seremos juzgados por nuestros métodos”.
Es claro que el método primero y principal para este candidato es el facebook. ¿Qué se puede decir de esta red social como método de campaña política?
El facebook como método se podría definir fundamentalmente como un fenómeno de masas. Día a día nacen cientos, miles de grupos y aplicaciones cuyo objetivo fundamental es seducir para que la gente se identifique con tal persona, o con tal causa. “Los que creemos que esta banano tiene más fans que Daddy Yankee”, “Caravana en contra del proyecto anti-moto”, “A mí no me tiembla la mano para votar por Mockus”, “Marcha mundial por la paz y la no violencia”, etc. A sólo un click uno se inscribe en el grupo, y entonces se van sumando los miembros.
Puedo decir que en este momento yo soy miembro de 200 grupos, que es el límite permitido. Y algunos de ellos tienen muchísimos miembros. En una lógica loca, incluso hay un grupo que se llama: “El grupo más grande en Facebook”, con 1.329.978 miembros. ¿Objetivo? Sólo uno: armar el grupo más grande en facebook. Incluso, éste no es el grupo que tiene más miembros; hay otros tres que lo doblan: “Alimentar a un niño con un solo click”(2.898.721), “Contra la utilización de perros y gatos vivos como carnada para tiburones” (2.684.398), “Experimento: seis grados de separación” (2.614.737).
Uno lee esos números tan altos y llega a decir: “Huy, hay mucha gente comprometida con los niños”, “Huy, hay mucha gente comprometida en hacer el grupo más grande en facebook”, “Huy, hay mucha gente comprometida en salvar a los perros y a los gatos”, y, finalmente, “Huy, hay mucha gente comprometida en querer tener contacto con la gente famosa”. La pregunta que es necesario hacerse es: ¿Por qué se hace un click para pertenecer a uno de esos grupos? ¿Es evidente que se hace por la causa que llevó a fundarlo? ¿Hay compromiso en la persona que hace un click para pertenecer a un grupo de facebook? Nunca se va a saber las respuestas a estas preguntas, pero me inclino a pensar que en los grupos de las campañas políticas funciona el mismo compromiso que en el grupo “Los que creen que este banano tiene más Fans que Daddy Yankee”.
Pertenecer a un grupo de facebook construye MASA… MASIFICA. Es la lógica que nombra Freud en Psicología de las masas y análisis del yo”: “En la masa, desaparecen las adquisiciones de los individuos, y, por tanto, su peculiaridad. Lo heterogéneo se funde en lo homogéneo”. Reconocer este fenómeno de masas me da la pista para seguir pensando en el facebook como método de campaña electoral.
Son varias las características de las masas, pero en esta oportunidad me centraré en una, la que más parece a mis ojos. Dice Freud:
“Las masas nunca conocieron la sed de la verdad. Piden ilusiones, a las que no pueden renunciar. Quien quiera influir la masa no necesita presentarle argumentos lógicos; tiene que pintarle las imágenes más vivas, exagerar y repetir siempre lo mismo”.
Ésta es la característica de la masa que quisiera subrayar: las masas no piensan. Esto lo podemos ver en un partido de fútbol, en una iglesia, en el ejército. Cuando alguien se inscribe en uno de estos grupos como hincha, feligrés o militar, se le pide fundamental mente una cosa: “No piense. Ame la causa”.
Uno lee con juicio la frase de Freud y paralelamente ve el fenómeno de la Mockusmanía y algunas preguntas lo tienen que asaltar. Una de ellas: ¿Cuántos de los miembros de los incontables grupos que le hacen campaña al profesor, han leído su programa de gobierno? Esta pregunta me surge, no sólo por coherencia teórica con una noción freudiana, sino también porque lo que se escucha cuando la gente habla de Mockus, ya sea por defenderlo, o por atacarlo, son frases y situaciones sacadas de contexto que desvirtúan el carácter argumentativo del profesor.
Son varias las frases con las cuales puedo ejemplificar lo que digo en el párrafo anterior. La gente dice que:
1. Mockus va a atacar a la guerrilla con girasoles.
2. Mockus cambió Bogotá, entonces también puede cambiar a Colombia.
3. Mockus va a convertir a Colombia en un segundo Caguán.
4. Mockus admira a Chávez.
5. Mockus va a acabar con el ejército.
6. Mockus va a extraditar a Uribe y a Santos.
7. Mockus le va a tirar un vaso de agua a sus contradictores.
8. Mockus va a traer la paz a Colombia.
9. Mockus va a dialogar con la guerrilla mostrándoles el culo.
Es entendible que se digan estas frases, pues es claro, a mi juicio, que las masas no piensan; es claro que a las masas no les interesa acercarse a la verdad. Ellas, simplemente, escuchan la idea, el chisme, y, repiten cual verdad apodíctica, incuestionable: “Por ahí andan diciendo que…”. Estoy casi seguro que muchos de quienes atacan o ensalzan al profesor con esas frases, no se han sentado a pensar cuál es el contexto de esa frase, en qué documento lo dijo, a qué punto del programa pertenece. Y estoy casi seguro de ello porque el colombiano promedio no lee, no quiere leer, no le interesa leer, le parece aburrido leer… el colombiano promedio hace cualquier cosa, menos leer. Una cultura que no lee nunca podrá ser una cultura democrática. En Colombia hay gente que opina, gente que responde preguntas de encuestas, gente que se inventa chismes, pero no gente que se instruya en relación con los programas políticos de los candidatos.
El profesor Mockus pide que lo juzguemos por los métodos utilizados. Pues bien, creo que es necesario afinar algo en este ámbito, pues hay una labor educativa con respecto a su programa que no se está haciendo. Sus colaboradores de campaña se dieron cuenta de la potencia tan grande que tiene el facebook para masificar a la gente, y se han debilitado en la consistencia educativa para dar a conocer la propuesta. Enfilaron sus energías en la misma lógica masificada de las campañas tradicionales, y se les olvidó que al interior de la propuesta hay una dimensión educativa que quedó desdibujada.
La OLA como método no se diferencia de las propuestas tradicionales. Es verdad que estamos siendo más eficaces, pero no me parece evidente que detrás de un click para pertenecer a uno de los grupos, haya una persona racionalmente motivada para votar por el candidato verde.
¿Qué tendremos que hacer para que la fiebre no sea el único motivo para votar por Mockus? La democracia necesita gente que trabaje; no gente que espere a que San Mockus los salve de la infelicidad.
¡Salve, Mockus!

MARLON CORTÉS

sábado, 10 de abril de 2010

MOCKUSMANÍA VERDE

Con cierta preocupación observo lo que se comenzó a llamar como la Mockusmanía. ¡Mockusmanía! Por eso busco la definición de “manía” en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua y me encuentro con lo siguiente:
manía.
(Del lat. manĭa, y este del gr. μανία).
1. f. Especie de locura, caracterizada por delirio general, agitación y tendencia al furor.
2. f. Extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada.
3. f. Afecto o deseo desordenado. Tiene manía por las modas.

Locura, delirio general, furor, extravagancia, capricho, afecto o deseo desordenado. No me gusta este hallazgo semántico. Me parece que nos equivocamos de nuevo cuando endiosamos a una figura, atribuyéndole, tal vez, poderes sobrenaturales, que no existen. Incluso me arriesgo a pensar que ésa fue una de las equivocaciones con el señor Uribe: Colombia pensó que lo iba a salvar de todos los males… Obviamente, eso que se esperó, no sucedió, a pesar de que algunos medios de comunicación se empeñen en decir lo contrario.
Me preocupa, no tanto el Parkinson de Mockus, sino al posible Alzheimer del pueblo colombiano. Se nos olvida lo que, no sólo en Colombia, sino en el mundo entero, ya hemos aprendido: atribuirle un carácter mesiánico a cualquier personaje nos lleva, ineludiblemente, a la absurda decepción. Doy el calificativo de “absurdo”, pues es una decepción que aparece, tal vez no por la falencia del personaje, sino porque se espera más de lo posible. Creo, a veces, en la sabiduría popular cuando dice: No le pida peras al olmo. El olmo es un árbol cuyo fruto son las sámaras, que es un fruto seco. No pedirle peras al olmo es, finalmente, ser lo más realistas posible, y entonces, no esperar más. El profesor Estanislao Zuleta viene a mi ayuda y me regala la siguiente cita de su ensayo “El elogio de la dificultad”:
“Nuestra desgracia no está en la frustración de nuestros deseos, sino en la misma forma de desear. Deseamos mal.”
El problema no es, según este autor, que no consigamos lo que queramos, sino en qué es lo que queremos. Deseamos mal, es mi parcializada opinión, cuando asumimos una actitud maníaca frente a un proceso democrático como el que tendremos próximamente.
Entonces, ¿qué es desear bien?
Mockus es humano, no un dios. Por lo tanto, si esperamos que responda como dios, el problema no será de Mockus, sino de los feligreses que, ciegamente, votarán por él. ¿Sí será cierta tanta belleza? ¿Sí será cierta tanta honestidad? ¿Tanta ciudadanía? ¿Tanta educación? ¿Tanta….? ¿Sí serán verdad tantas cosas bellas juntas? ¿Un humano, como lo es el profesor Mockus, tendrá la capacidad de responder a tan altas esperanzas? Creo que quienes viven cerca de él sabrán decir que él no es dios y que, por lo tanto, la mezquindad, muy seguramente, también cabalga en su vida.
Recordemos, que con el señor Uribe pasó algo parecido. Cuando se postuló como presidente de la república, muchos creímos en él, muchos lo endiosaron, muchos votamos por él. ¿Cuántos de nosotros leímos y estudiamos el programa político del actual presidente por allá en el 2002? ¿Cuántos votaron embriagados por la experiencia religiosa de haber encontrado al salvador de todos nuestros males? ¿Cuánto de hipnosis hay en el acto medio maníaco de enarbolar las banderas de un partido?
Yo sé que la formación política de nosotros los colombianos es pobre. Sé que buena parte de la votación se compra. Sé que muchos votan buscando al mesías que los saque de la olla en la que se encuentran. Por eso nos merecemos a los gobernantes que tenemos. ¿Será que si votamos por Mockus, convirtiéndolo en Mesías, nuestra historia cambiará? Estoy seguro que va a decepcionar a la gran mayoría de colombianos, pero el problema no será Mockus, el problema será la manera religiosa medieval en la cual vota el colombiano promedio.
Desear bien en política tiene poco que ver con la manía. Frente a la locura, la razón. Frente al delirio general, la pausa de la decisión mesurada. Frente al furor, el estudio minucioso de los programas políticos. Frente a la extravagancia, la sencillez en la exposición de las ideas. Y, finalmente, frente al afecto desordenado, el amor por el bien común.
Pero, deseamos mal. Parece que se va a repetir una constante en la historia de nuestro país: el caudillismo. ¿Cuándo aprenderemos que nadie salva a nadie, que la hipnosis es un proceso psíquico en el cual el hipnotizado tiene la mayor parte de responsabilidad? ¿Cuándo aprenderemos que la democracia, fundamentalmente, es el empoderamiento racional de las mayorías?
Quienes me conocen, saben que votaré por Mockus. Y quienes me conocen un poco más, saben que pocas son las cosas que trago entero. La mejor de ellas, un trago de tekila, con limón y sal.
¡Salve, Mockus!

martes, 1 de diciembre de 2009

HABILITACION - NORMAL

Buenas noches a todos.
Disculpen la demora. En estos viajes a uno no le queda mucho tiempo para las responsabilidades.
La idea es la siguiente: cada uno me va a escribir un texto tipo ensayo que tenga como tema: Las dificultades en el aprendizaje.
El elemento teórico que va a usar es el texto que está publicado en este mismo blog: "La inminente desaparición de la infancia".
La pregunta más concreta es la siguiente: ¿La inminente desaparición de la infancia es un fenómeno que ayuda a la formación de dificultades en el aprendizaje?
Si leen bien, otro texto también de este blog les puede ayudar. Su título: Algunas dificultades de los jóvenes de hoy.

Sugerencias para el texto:
1. 2 páginas.
2. Arial, 12.
3. Use sólo 3 citas textuales del texto "La inminente......".
4. Después de la cita, viene un párrafo donde se explica la cita.
5. El texto tiene párrafo introductorio y conclusivo.
6. Use también como referencia alguna cita de su diario de campo.


No es más.

Cortésmente,
Marlon.

jueves, 22 de octubre de 2009

LA INMINENTE DESAPARICION DE LA INFANCIA

LA INMINENTE DESAPARICIÓN DE LA INFANCIA
“El niño de hoy es un adulto en miniatura”.
(Entrevista a Neil Postman,
publicada en La Vanguardia,
el 26 de agosto de 1994)

El fenómeno
1. Daniela, la adolescente de 5 años.
Daniela es una niña que asiste a un Centro Educativo del municipio de Bello. A pesar de que todos los días tiene bien puesto su uniforme, nunca le faltan algunos accesorios (aretas, collares, etc.) que con gran insistencia le pide a su madre cada que ve uno que le gusta en alguna tienda de la ciudad. Un poco de maquillaje, perfume, brillo en los labios, y una carterita donde guarda siempre un pequeño espejo que de cuando en cuando saca cuando la profesora no tiene sus ojos puestos sobre ella.
Con sus compañeras, conformó un grupo que se hacen llamar “Las Divinas”, tal como se llama una telenovela juvenil que hasta hace poco transmitían en un canal nacional (“Patito feo”). Obviamente, es un grupo que entra en pugna con otro, al cual denominan “Las feas”. Busqué en internet en qué consistía la telenovela y me encontré con la letra de la canción. Aquí va un trozo: “Todos saben quién manda en este school / porque nosotras somos gente cool / gente que siente, con sangre caliente / que quiere hacerse oír / sea como sea, aquí no entran feas / pa' que lo veas, te voy a mostrar / mira esa fea, aquella otra fea / aquí no pueden entrar”.
Daniela es una niña de 5 años que se sale del esquema tradicional que nos llega de la primera mitad del siglo XX. Es claro que no le gusta que la llamen niña, no le gusta jugar con muñecas con forma de niñas, sus ropas no son de niña, en fin, ¡no es una niña!
2. Las noticias.
“Dos niños asesinados con saña. Una bestialidad que se niega a ser aceptada, cuando también se sabe que los autores visten la inocencia de casi la misma edad. José Antonio de 10 años y su hermana Katherin de 4, quizás nunca imaginaron que su primo (JR) también de diez, les arrancaría la vida con el filo de un machete y que apoyado en un hermanito (C.S.L) cuatro años menor, encarnó una de las tragedias más grandes que se originó en Boaco y disparó su conmoción al país entero” .

“Randy Castro está en primero. Pero, a la avanzada edad de 6 años, ha sido declarado agresor sexual por la Escuela Elemental de Potomac View. Es culpable de acoso sexual y el informe sobre el incidente permanecerá en su expediente por el resto de sus días lectivos (y quizá más allá)”.

“Tres niños, de ocho y nueva años, fueron internados el lunes en un centro de detención acusados de secuestro y violación de una niña de once cerca de un complejo de apartamentos suburbano, informaron funcionarios”.

“El crimen de la pequeña Milagros Belizán, ya era espantoso. Pero más estupor generó cuando se descubrió que los asesinos de la niña serían nada más y nada menos que dos hermanitos, de 8 y 9 años, vecinos del mismo barrio de la localidad bonaerense de Almirante Brown. Uno de esos chicos habría confesado el crimen”.

“Un niño de 11 años asesinó a su madrastra, quien estaba embarazada de 8 meses. ¿La razón? Sentía celos de quien iba a ser su futuro hermano”.

Podría citar muchas más noticias de este estilo, pero no hay mucho espacio. Algo pasa con los niños de hoy. Se comienzan a comportar como unas personitas que, de manera muy decidida, buscan su satisfacción sin vergüenza, sin límite, simplemente siguiendo sus impulsos. Cada vez aparecen con más frecuencia en el mundo casos de niños acusados de ser abusadores sexuales y homicidas . En menor grado de gravedad está el hoy famoso bullying, las relaciones sexuales entre menores, la masturbación en grupo, los niños que venden drogas alucinógenas, niños que roban, la disminución en la edad de las prostitutas, etc. Fenómenos que hasta hace algunos años eran propios de los adultos, o incluso, de los adolescentes, hoy los vemos en los niños de 10, 9 ó 5 años.
Algo pasa con la infancia en este mundo contemporáneo. Algunos dicen que está desapareciendo.

La explicación del fenómeno
Para explicar el fenómeno descrito es necesario ir a la sociología, a un autor norteamericano llamado Neil Postman (1931 – 2003). Buena parte de su trabajo intelectual gira alrededor de la influencia de la tecnología en la sociedad. Algunos de sus libros son: “Tecnópolis” (1992), “El fin de la educación” (1996), “¿Cómo ver un programa de televisión?” (1994), “La desaparición de la infancia” (1982). Obviamente es a este último al que voy a hacer referencia en esta parte de mi texto.
Dice Postman (1982):
“With television, the basis of this information hierarchy collapses. (…) The essential point is that TV presents information in a form that is undifferentiated in its accessibility, and this means that television does not need to make distinctions between the categories «child» and «adult».” (78-9)

Me parece que esta cita resume buena parte de la explicación que da el autor con respecto a la desaparición de la infancia. En ella aparecen los elementos claves en donde la teoría se sustenta: la televisión, el colapso de la jerarquía de la información, y las categorías “niño” - “adulto”. Estos tres elementos se relacionan de la siguiente forma: El hecho de que la televisión deje acceder indiscriminadamente a los niños a cualquier tipo de información, hace que la diferencia entre niños y adultos se borre. Para el año en que Postman escribe este texto, la televisión es el medio de comunicación de más auge en el mundo, pues entra en la gran mayoría de los hogares, especialmente en Estados Unidos . Tiene una función bien clara: comunicar. Pero para este autor, el medio de comunicación no es simplemente el canal que se usa para que determinado mensaje llegue a ciertas personas. El medio de comunicación, dice en Tecnópolis, trae una ideología:
“En cada herramienta hay inscrita una tendencia ideológica, una predisposición a construir el mundo de una manera y no de otra, a valorar una cosa más que otra, a desarrollar un sentido o una habilidad o una actitud más que otros” (Postman, 1992: 26)

Los efectos de la tecnología en la cultura no se explican simplemente añadiéndole a ésta la herramienta; es decir, CULTURA + TELEVISIÓN. El ingreso de la televisión a la cultura trae un efecto semejante al que tiene el agua de un vaso cuando se le añade una gota de tinta roja. El resultado es una nueva coloración en todas las moléculas de agua que están en el vaso. De la misma forma, CULTURA + TELEVISIÓN conlleva a una transformación completa de la cultura. La tecnología, y en este caso la televisión, no es simplemente una herramienta de comunicación. Dice: “Así es como funciona la tecnología de los medios de comunicación. Una nueva tecnología no añade ni quita nada. Lo cambia todo” (31).
En particular, ¿cuáles son los efectos de la televisión en la relación de los niños con los adultos? Si seguimos pensando la primera cita textual referenciada podremos construir una respuesta a esta pregunta, así: la televisión tiene el efecto de eliminar la línea que separa a los niños de los adultos, por el acceso indiferenciado que tienen los infantes a la información. Dicha accesibilidad se facilita básicamente, dice Postman, por tres razones: la televisión no requiere mayor instrucción para ser entendida, no trae información compleja, y no segrega a la audiencia. Entonces, Postman concluye, “without secrets, of course, there can be no such thing as childhood” (1992: 80) .
Para argumentar esta conclusión, el autor parte de un principio en relación a lo que estructura una sociedad: un grupo social está definido por la exclusividad de la información que sus miembros manejan. Esto lo explica dando el siguiente ejemplo: si todo mundo conociera lo que los abogados conocen, entonces no habría abogados; de la misma forma, insiste Postman, en que si los estudiantes conocieran lo que sus profesores conocen, entonces no habría diferencia entre estos dos grupos. Por eso es que un grupo está definido por la información que maneja. Unos son abogados, otros no; unos son maestros, otros alumnos.
Siguiendo esa lógica es que es posible decir que la división entre infancia y adultez desaparece en tanto que la televisión lo que hace es comenzar a abrir secretos, dejar que los niños accedan a información que antes era sólo para adultos, en fin, la televisión hace público lo que anteriormente era privado (1994: 83).
Esto trae una consecuencia profunda para la cultura, que yo ubico en el centro de la problemática que trabajo en este texto; la siguiente: “The idea of shame is diluted and demystified” (1992: 85). Es decir: el problema de que los niños accedan a cierta información no es sólo una cuestión cognitiva sino que tiene consecuencias sobre los parámetros que los niños usan para actuar. Es evidente que los niños de la primera década del siglo XX dejaron de hacer muchas cosas por vergüenza; los de inicios del siglo XXI, pocas. Los niños hoy son unos sinvergüenzas. ¡Tienen sexo y matan! No sienten vergüenza ni por lo uno ni por lo otro.
En la primera mitad del siglo XX los niños no podían estar conversando con los adultos; se les decía: “Váyase de acá que esto es conversación de adultos”. A cierta hora ya tenían que estar dormidos, porque “los niños no pueden trasnochar”. No podían decir malas palabras, porque “un niño no puede ser grosero”. Tenía que dormir con las manos sobre las cobijas, porque “un niño no se toca el cuerpo por debajo de la ropa”. Escuchaba y guardaba silencio mientras un adulto le hablaba, pues “el adulto ordena, y el niño escucha”. En resumidas cuentas, se tenía aún una imagen de niño muy victoriana.

Hoy, los niños discuten con sus padres al punto incluso de pegarles, se quedan despiertos hasta tarde en la noche muchas veces conectados a la internet, no miden las palabras que dicen, se masturban sin vergüenza, incluso a veces, dentro del salón de clases, en presencia de la maestra, etc. Son niños sinvergüenzas. Los diques que contenían sus impulsos colapsaron.
Para Postman, un niño sin vergüenza es un niño que no ha construido relaciones de autoridad con los adultos (1992: 86). Desde esta perspectiva, es claro que la mayor parte del problema no está en los niños. Los adultos de hoy hemos construido una sociedad en la cual hay un mandamiento irrefutable para alcanzar la felicidad: Gocen todo lo que puedan, con quien quieran, en el lugar que quieran, a la hora que quieran, y como quieran. En otras palabras: ¡Gocen sin límites!, al parecer, en un intento decidido por eliminar todo tabú. Por ejemplo, cuando en 1994 se implementó el Proyecto de Educación Sexual, había una frase que subrayaban con mucho énfasis todas las personas que lo lideraban: “Hay que acabar con el tabú de la sexualidad”. Argumentaban que si este tabú aún existía era porque no había una educación sexual acorde a los tiempos. Los papás y educadores modernos eran aquellos que hablaban de sexo con sus hijos y alumnos, respectivamente, sin tapujos.
Para quienes se pusieron en la tarea de educar sexualmente se convirtió casi en un imperativo eliminar el tabú que hay (no sé si decir había) alrededor de la sexualidad. Por eso, a los niños se les enseñó de manera muy ilustrativa cómo son los órganos sexuales del hombre y de la mujer, cómo se transmiten las enfermedades sexuales, cómo se tienen relaciones sexuales entre los adultos para poder concebir un hijo, los padres comenzaron a bañarse desnudos con sus hijos, etc; y a los adolescentes, se les dijo que masturbarse no era ningún problema, se les enseñó a poner preservativos hasta con la boca, y se les enseñaron todos los métodos anticonceptivos para poder evitar embarazos después de una noche de rumba. Y entonces, decían los educadores sexuales, “tenemos que seguir eliminando el tabú de la sexualidad”, supuestamente con la idea de que informando a los niños y adolescentes sobre la misma, harían que ellos contuvieran sus impulsos de buscar satisfacción sexual prematura, y por lo tanto, se estaría trabajando en la prevención de embarazos prematuros y de enfermedades de transmisión sexual.
Resultado final después de 15 años: no hay disminución de embarazos en adolescentes, y tampoco disminución de las enfermedades de transmisión sexual. Se pretendió eliminar el tabú, se liberalizaron las prácticas de crianza y las educativas alrededor del tema sexual, pero olvidaron hacerse una pregunta: ¿cuál es el lugar del tabú en la cultura?
Freud en su texto “Tótem y tabú” nos trae una definición que nos puede ayudar a esclarecer este punto. Dice:
“El significado del tabú se nos explicita siguiendo dos direcciones contrapuestas. Por una parte, nos dice «sagrado», «santificado», y, por otra, «ominoso», «peligroso», «prohibido», «impuro». Lo opuesto al tabú se llama en lengua polinesia «noa»: lo acostumbrado, lo asequible a todos. Así, adhiere al tabú algo como el concepto de una reserva; el tabú se expresa también esencialmente en prohibiciones y limitaciones. Nuestra expresión compuesta «horror sagrado» equivaldría en muchos casos al sentido del tabú” (1980: 27).

El tabú es una prohibición máxima en el orden de lo sagrado. Es decir que no es un límite como cualquiera (un semáforo, una fecha para pagar alguna compra, etc), sino que apunta a prohibir algo que para una cultura es extremadamente peligroso; el tabú defiende a la cultura de su autodestrucción. En ese sentido llama la atención que en francés, para decir “prohibido fumar”, la expresión sea: “defense fumer”. Prohibido en español tiene una traducción en francés que parte de la palabra defender. Cuando se prohíbe fumar en algún sitio en particular, la cultura se está defendiendo del fumador. El tabú tiene usualmente como función la protección de algo o alguien; por ejemplo, protege a personas importantes (jefes, sacerdotes) de posibles daños, cuida a los débiles (niños, mujeres) de posibles abusadores, etc. (Freud, 1980: 28).
En ese orden de ideas, ¿qué pasaría si el tabú realmente se elimina? Se eliminarían las restricciones fundamentales que están en el centro de la civilización, y por lo tanto, entraríamos en un grave peligro de autodestrucción. Pero, entonces, ¿cuáles son esas restricciones fundamentales? Postman las nombra así:
“Civilization cannot exist without the control of impulses, particularly the impulse toward agression and inmediate gratification. We are in constant danger of being possessed by barbarism, of being overrun by violence, promiscuity, instinct, egoism.” (1994: 87)
Lo que quiere decir que seguir trabajando en la lógica de eliminar el tabú, favorece la destrucción de la cultura, y para este caso particular, la destrucción de los mismos niños y su entorno. Por eso, cuando impusieron el toque de queda en algunos barrios de la ciudad para que los niños no salieran a la calle a partir de cierta hora, la pregunta que quedaba en el ambiente era: ¿Estamos defendiendo a los niños o nos estamos defendiendo de ellos? Las dos cosas.

Salidas
Todas estas reflexiones en torno a la desaparición de la infancia por el intento de eliminar el tabú como práctica pedagógica, trae consecuencias estructurales en relación a las políticas de educación sexual. Quienes participen del XIV Congreso Colombiano de Sexología y Educación Sexual, podrán escucharlas.


BIBLIOGRAFÍA
Freud, Sigmund (1980). Tótem y tabú, Buenos Aires, Amorrortu.
Postman, Neil (1994). The disappearance of childhood, New York, Vintage books.
___________ (1994). Tecnópolis, Barcelona, Círculo de Lectores.

lunes, 15 de junio de 2009

Sebastián, el niño que no fracasa

Sebastián, el niño que no fracasa

“Perder es ganar un poco”
Francisco Maturana


¿A qué se le llama fracaso en el ámbito escolar? Al hecho de que un niño no cumpla de una manera significativa los objetivos que la institución educativa propone. En este caso en particular, Sebastián, en palabras de su profesora, “no aprende, pareciera estar estancado”. En el Centro Educativo donde se ubica este caso, se han inventado todas las formas posibles para que Sebastián acceda al conocimiento, pero esto ha sido muy complicado. Cuando uno escucha a la profesora, lo que percibe es algo del orden de la impotencia, pues pareciera que ninguno de sus métodos funcionara: hablarle duro, hablarle suave, dejarlo sin descanso, dedicarle horas enteras de trabajo individual, etc. Podríamos decirlo de la siguiente forma: la pedagogía le exige a Sebastián ser normal y aprender, como todo mundo, con unos márgenes de fracaso tolerables por los maestros. Pero parece que hay algo en Sebastián............... que no le interesa mucho dicha normalidad; esto hace que se evidencie el abismo entre la maestra y el niño.

Intentaré pensar este caso a partir de una cita de Freud en relación al servicio que le puede prestar a la educación una posición psicoanalítica. La cita es la siguiente:

“El psicoanálisis tiene a menudo oportunidad de averiguar cuánto contribuye a producir enfermedades nerviosas la severidad inoportuna e ininteligente de la educación, o bien a expensas de cuántas pérdidas en la capacidad de producir y de gozar se obtiene la normalidad exigida. Pero puede también enseñar cuán valiosas contribuciones a la formación del carácter prestan estas pulsiones asociales y perversas del niño cuando no son sometidas a la represión (...). Nuestras mejores virtudes se han desarrollado como unas formaciones reactivas sobre el terreno de las peores disposiciones {constitucionales}” .

Es una cita realmente larga que no voy a comentar toda, pero sí subrayaré algunos elementos que nos van a servir para pensar el caso de este niño.

Cuando un maestro en su labor educativa sólo tiene en cuenta sus objetivos pedagógicos, fácilmente se encuentra con dificultades, ya sea por lo impertinente que resulta siendo su trabajo, o porque sus alumnos le responden de una manera mecánica simplemente para no perder la materia, o porque se encuentra con niños que se resisten a aprender de ese modo. Asumir de este modo la pedagogía supuestamente borra o excluye lo que en la cita freudiana es nominado como “las pulsiones asociales y perversas del niño”. Digo que queda supuestamente borrado, pues aunque el maestro no lo quiera, o tal vez no lo pueda tener en cuenta, eso “asocial y perverso del niño”, siempre aparece, siempre insiste. Y, tal vez habría que decir, siempre triunfa de algún modo.

Es en esta lógica que pensé el título de mi texto: “Sebastián, el niño que no fracasa”. Un maestro cuando está frente a su alumno, se ha de enfrentar, mínimo, a dos niños, dos Sebastián: uno, el que, aunque sea de una manera intermitente, hace alianza con el maestro, y entonces dice: “yo sí quiero estudiar”. De hecho, Sebastián es un niño juicioso que es capaz de hacer alianza con su maestra; no es un niño abiertamente indisciplinado, vago, irrespetuoso, mal alumno. No. La imagen que proyecta Sebastián a sus profesoras es que es un niño obediente y tranquilo que, incluso, aprende algunas cosas, sobre todo las que ve por la televisión en los canales internacionales. Encontramos que en el mismo niño hay otro Sebastián que tiene mucha fuerza, y que, por lo menos cuando empecé a pensar este caso, no estaba siendo escuchado: es el Sebastián que no quiere aprender, que de alguna forma no quiere hacer lazo con el legado cultural que la escuela le está ofreciendo; es el que finalmente lleva las riendas en el proceso de aprendizaje, pues a la luz de las maestras, Sebastián es un caso de fracaso escolar, así el mismo niño intente no serlo. Seguir insistiendo sólo con el primer Sebastián (juicioso y obediente) lleva a la impotencia cualquier intento de insertar al niño en los estándares de normalidad que pretende el discurso pedagógico. Algo habrá que maniobrar con ése que estoy llamando el segundo Sebastián.

En este punto el psicoanálisis se convierte en una herramienta muy importante, pues el trabajo consistirá en escuchar a ese otro Sebastián que es, finalmente, el que está triunfando, el que no fracasa, pues, y sigo con la cita, “(el psicoanálisis nos enseña) cuán valiosas contribuciones a la formación del carácter prestan estas pulsiones asociales y perversas del niño cuando no son sometidas a la represión”. La idea es seguirle la pista a eso que a primera vista resulta tan molesto para la escuela. Esto quiere decir que es necesario comenzar a escuchar a ese Sebastián que consigue aislarse, no aprender y perder las materias. El objetivo, entonces, es ver de qué está hecho ese Sebastián que el discurso pedagógico usualmente no ve, con la certeza freudiana de que escuchándolo le podremos permitir a Sebastián hacer movimientos subjetivos que lo lleven a querer aprender.

Para escucharlo, hay una primera puerta de entrada que es el discurso de los padres; por eso los llamo a consulta uno a uno, y les propongo que me cuenten sobre su hijo; aparece lo siguiente:

La relación que Sebastián tiene con su madre la podemos presentar con la manera en que ella (llamémosle, María) se refiere a él; ella lo llama: “Mi bebé, mi muñeco, mi precioso”. Sebastián tiene 6 años, está en primero de primaria, y es el hijo mayor de la pareja. Dice además: “Para Sebastián es todo la mamá”. Y cuando se le pregunta por la dificultad que tiene en la escuela, María dice: “Él es así por descuido mío, el niño no tiene la culpa de ser atrasado en el aprendizaje, porque yo trabajo mucho y no tengo tiempo para ayudarle”. Y, para confirmar esta situación, cuando la profesora le pregunta a Sebastián por qué no hizo tal tarea, él simplemente responde: “Mi mamá no me ayudó, ella no tuvo tiempo”. En el discurso de la madre comienza uno a ver la hipótesis con la que se comenzó este texto: Sebastián es un niño que no fracasa; en la lógica de la relación con su madre, es ella quien intenta hacerse responsable de las cosas malas que le pasan a Sebastián. Por eso, María frente a los otros es una excelente madre, pues, en el imaginario cultural una buena madre es aquélla que lo da todo y es capaz de dar la vida por sus hijos. En la relación con la madre, este Sebastián sale ganando, permanece completico, pues ella siempre está presta a cargar sobre sus espaldas lo que le toca al niño: la responsabilidad frente a sus actos.


Pasemos al padre (llamémosle, José): ¿cómo aparece el niño en su discurso? Cuando llega a la consulta lo primero que dice es que Sebastián se parece mucho a María. Los dos son muy sensibles y nerviosos. Añade: “Cuando supe que el niño venía en camino, ya tocó hacerse cargo de él. Uno no se puede arrepentir de los hijos. Yo le respondía (económicamente) pero no vivía con ella, hasta que llegó el otro payasito, y ahí sí nos fuimos a vivir juntos”. El aduce que la relación que tiene con Sebastián es buena, mientras María no esté presente, pues cuando ella llega se roba toda la atención de los niños, al punto de que ya él no tiene autoridad alguna sobre ellos. Cuando ella está, los niños no le creen a su padre, y siempre se dirigen a María para verificar la veracidad de lo que él dice. En el discurso del padre Sebastián es el hijo preferido de la madre, y cuando ella está, José es como si no existiera. Y para terminar con el discurso del padre, queda por subrayar una característica de Sebastián: él es “celosito” con la madre. Esto último hace que nos preguntemos por el lugar de José en la vida de María.

Para esta pareja ha sido complicado sostener la relación. De hecho, ellos no se han casado. Los hijos son siempre motivo de discusión: María dice que José no quiere a Sebastián, y José dice que María no quiere Juan, el segundo payasito. La cotidianidad está atravesada por esta discusión, en la cual Sebastián y María se ganan mutuamente, armando una relación amorosa (madre-hijo) muy particular, pues de alguna forma José no ha sabido ubicarse ni como hombre de María, ni como padre de Sebastián, al punto de que cuando la madre busca ayuda dice: “Si aquí en el preescolar ven que es mejor que yo me separe de José, yo lo hago. Lo primero son mis hijos”.

En este triángulo amoroso es que uno encuentra al Sebastián que se gana a su madre, pues es la persona que siempre está a su lado, que se presenta a los otros como hiperpotente capaz de hacer lo que sea para que su hijo no sufra, para que no le falta nada (un dato: la madre trabaja como vigilante en una empresa de seguridad, y su dotación fue un arma hasta hace muy poco). Recuerden que ante el no aprendizaje de Sebastián, María dice: “El niño no tiene la culpa. La culpa la tengo yo porque no tengo tiempo para dedicarle”. Y cuando José en algún momento regaña a Sebastián, María siempre se pone en medio, y le dice a su marido: “¿Por qué estás regañando al niño?”. Y para terminar el cuadro, la maestra dice que muchas de las tareas que lleva Sebastián a la escuela son hechas por la madre. El niño queda intacto, impecable, sin pecado, sin responsabilidad, completico. Este es el niño que triunfa en la lógica de la tendencia al amor incestuoso, pero que fracasa, por lo menos en algo, en el orden de la ley: no aprende.

A esto se refiere Freud cuando habla de la pulsión perversa y asocial; es decir, eso entrañable en el niño que busca siempre mantener su narcisismo completico, sin entrar en la lógica social en la cual, para articularse al mundo, algo hay que perder.

Explico este punto que es de radical importancia al momento de pensar la intervención pedagógica con Sebastián teniendo principios psicoanalíticos. Freud hace una crítica a la educación de su tiempo: la tacha de utilizar una severidad inoportuna e ininteligente, nos dice en la cita a la que nos hemos referido en todo el texto. La educación victoriana, que es la que opera en tiempos de Freud, tenía un objetivo bien claro: el control de la mente y los cuerpos de los niños. Podría uno decir que fue una educación en la cual lo que importaba era que el niño se comportara y representara bien su papel en la sociedad. De ahí que los métodos eran usualmente el castigo (“La letra con sangre entra”) y la extorsión moral (“Si no se comporta como debe se va para el infierno”). Este tipo de educación era el que Freud criticaba como inoportuna e ininteligentemente severa. Hoy, los ideales culturales han llevado a que padres y maestros se ubiquen en una posición totalmente contraria, y entonces, cualquier método educativo que traiga consigo algo de displacer para el niño es tachado de antipedagógico. El efecto de esto en las nuevas generaciones no se ha hecho esperar: niños y jóvenes que tienen como ideal ético actuar siempre conforme a lo que les haga sentirse bien. “Energía, te hace gozar todo el día”, es el slogan de una de las emisoras con más audiencia juvenil en Medellín. Ése es un ideal en el cual está la ilusión de poder pasar por el mundo sin perder nada, sin ponerle límite a los impulsos que, dicen ellos, “les nacen naturalmente”, y como lo que está de moda es ser natural, entonces los muchachos finalmente hacen lo que se les da la gana autorizados por dicho ideal.

Pareciera ser que es en esta lógica en la cual crece Sebastián, al lado de unos padres que no permiten que su hijo encuentre un límite en el encuentro con los otros y con el saber. Eso que Freud llama la pulsión perversa y asocial es lo que hace que Sebastián consiga mantener intacto su narcisismo, y entonces, no le dé cabida al encuentro con el otro cultural. Por eso, cuando alguien se presenta ante Sebastián poniéndole límite, y, dice el padre, “hablándole durito, él simplemente se pone a llorar y se va al lado de su mamá”.

Sebastián encontrará más tolerable su encuentro con el conocimiento cuando comience a perder, cuando se le permita acceder al mundo en donde la madre no tiene poder, donde no lo pueda exculpar de sus fallas, cuando su narcisismo se empiece a quebrar.

Al respecto, hay una escena en la cual el padre hace mucho énfasis cuando se le pregunta por Sebastián; la siguiente: padre e hijo van a visitar a la familia paterna, un día en que la madre está trabajando. Allí el niño se cae por unas escaleras y logra quebrarse una mano. Esta situación hace que la relación de pareja se vuelva muy tensa, pues María le reclama diciéndole: “¿pero cómo descuida usted mi tesoro?”. A lo que el padre responde: “¿Y yo qué tengo la culpa? Tener a un niño amarrado es como muy difícil”. Es en ausencia de la madre, cuando el niño está al cuidado de su padre, cuando está en contacto con algo del mundo exterior, que Sebastián se quiebra... la mano. Salir al mundo siempre trae sus riesgos. Esto de haberse quebrado la mano puede llegar a ser significativo en el trabajo posterior con el niño porque de alguna forma uno puede ver que él, a veces, hace una objeción a esa madre que lo quiere completico, sin nada quebrado.

Mi trabajo en esa institución no es ofrecer el dispositivo clínico tal como todo mundo lo conoce; lo que yo hago es ofrecerles a los padres y maestros una lectura de los casos en los cuales la labor pedagógica de alguna forma se encuentra impotente. Por eso entonces la pregunta que sigue es: ¿y qué hacer, desde la familia y la escuela, con este niño que consigue no perder?

Si son ellos quienes van a intervenir, si son ellos quienes finalmente educan al niño, mi trabajo es mostrarles a ese otro Sebastián que no le interesa abrirse al mundo de la escuela, y sobre todo, señalarles qué responsabilidad tienen ellos en la posición del niño. Porque si es verdad que hasta ahora la tónica en que he presentado el caso es mostrando la responsabilidad de Sebastián, también es importante decir que padres y maestros no son entes vacíos; ellos están implicados en la situación y de alguna forma han permitido que ese niño siga viviendo en esa lógica de no perder... a su madre. María dice: “El niño no tiene la culpa de su atraso en el aprendizaje”. Podría uno preguntarse: ¿qué busca ella presentando a Sebastián siempre como un niño libre de culpa en su fracaso escolar? ¿esa madre abnegada que trabaja todo el día para darles todo a sus hijos no tiene nada que ver con la posición de su hijo? José dice: “Cuando mi señora llega a la casa yo dejo que ellos la apapachen como quieran”. Podría uno preguntarse: ¿Por qué José no se ha ganado el amor de su mujer? ¿Por qué deja que ella lo borre como padre y como hombre? Y la maestra: “Es que a mí me duele mucho cuando los niños pierden, se me parte el alma... qué pecado de Sebastián”. ¿Qué de ella está poniendo en juego cuando le cuesta escribir en el boletín una nota que dé cuenta de lo que pierde Sebastián? ¿Su posición materna?

Mientras padres y maestros sigan en la lógica en la cual actuar pedagógicamente es hacer todo lo posible para que Sebastián no sufra, para que no le duela nada, para que no se le quiebre nada, el niño seguirá gozando en este lugar; y quién sabe hasta cuándo, pues quienes trabajamos en educación sabemos que el Ministerio de Educación Nacional también está en esta dinámica en la cual, ojalá nadie pierda. Y entonces los niños pasan por toda la primaria y el bachillerato sin que nadie los quiebre un poquito.

A manera de epílogo: lo que se gana cuando se pierde

Esta historia no tiene un final aún. Sebastián sigue a la fecha de este escrito en el Centro Educativo, y en ese período académico perdió casi todas las materias. La maestra le señaló al niño y a la madre que de seguir así, podría perder el año. Incluso hubo una decisión muy clara: si ella veía que la tarea la hacía María y no Sebastián, sería asumida como una tarea no hecha, con su consiguiente mala nota. No creo en la magia pero sí en los efectos subjetivos que tiene una intervención avisada de la lógica interna en la cual se mueve un sujeto. La profesora, semanas después de su intervención, dice: “Sebastián ha cambiado hasta en la manera de sentarse. Ahora lo hace con la atención puesta en la clase”. Pareciera ser que el malestar que le propinó su maestra al evaluarlo con tantos insuficientes, lo hubieran despertado del letargo en el que estaba. Incluso, añade, “ha sido capaz de relacionarse más con sus compañeros de clase que lo tenían siempre como rechazado”.

Sebastián perdió muchos logros en ese primer período, pero parece que comenzó a ganar algo: el deseo de saber.

Ahora sí puedo entender al doctor Maturana cuando dice: “Perder es ganar un poco”.


BIBLIOGRAFIA

- Freud, Sigmund. El interés por el psicoanálisis. Obras Completas. Volumen XIII. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1979.
- Cortés, Marlon. Sobre la psicología del colegial...o una teoría freudiana sobre el maestro como sujeto. En: Cuadernos Pedagógicos. Número 26. Diciembre, 2005. Editorial Universidad de Antioquia.

(Texto publicado en el libro: El niño hoy. Transtornos y exclusión. Editorial Corporación Ser Especial. 2006.)

martes, 9 de junio de 2009

Los jóvenes de hoy

ALGUNAS PROBLEMÁTICAS DE
LOS JÓVENES DE HOY
-¡Un goce completo!-

Por: Marlon Cortés

El contacto directo con los muchachos del colegio nos ha permitido tener una visión de lo que en sus vidas es problemático. Esto nos ayudará a pensar mejores modos de intervención que favorezcan el paso de los muchachos por esa adolescencia que, contemporáneamente, se vive de una manera tan caótica en una clara oposición a los órdenes establecidos por el mundo adulto.

“Hay que disfrutar la vida”, es el imperativo con el que los jóvenes de hoy se enfrentan al mundo. Por eso cualquier cosa que les suene a “obligación”, “deber”, “compromiso”, es visto como algo que viene a irrumpir el orden que ellos pretenden implantar. De ahí que, por ejemplo, la percepción que ellos tienen del colegio es muy particular; dicen: “Es el lugar en el que nos encontramos con nuestros amigos”. El colegio no es, para nada, un lugar de estudio, de formación, sino el lugar en el que se encuentran con sus “parceros”, con sus primeros amores, con sus barras, y a veces, tristemente, con sus bandas; por lo tanto, los salones de clase se convierten en el “salón de belleza”, el lugar para la broma, el chiste, la burla, la “tomadura del pelo”, etc. ¿A qué van muchos niños y jóvenes de hoy al colegio? A gozar. Tal como lo dice una de las emisoras más escuchadas por ellos: “Energía, te hace gozar todo el día”.

En este punto es necesario tener claro que el colegio es uno de los espacios en los que ellos habitan y convierten en una “gozadera”. Un espacio entre todos los que ellos están. La familia es un lugar aburridor porque es donde les limitan la vida; los fines de semana son los días en los que viven a plenitud lo que ellos llaman “la juventud”, pues es el momento de la rumba, del baile, del sexo, de la droga; Dios es un ser que, en tanto que significa “mandamiento”, será guardado en el baúl de los recuerdos; las relaciones interpersonales se construyen teniendo como norte esa misma “gozadera” incluso pasando por encima de aquellos compañeros que se muestran débiles; la sexualidad es una dimensión de la vida para el puro placer desmedido a pesar de saber de los riesgos que se toman frente a las enfermedades de transmisión sexual y el embarazo; y las drogas, ni se diga: productos con los que buscan realizar un goce medio autista donde no sea necesario el lazo con el otro.

Son muchas las dimensiones en las que se mueven los muchachos, pero el eje que articula su existencia lo podríamos nombrar como: “seres para el goce”. A continuación, se hará una descripción por algunos de los tópicos en los cuales los muchachos de hoy viven ese imperativo que la contemporaneidad les hace.

1. El estudio.

Este punto es el que para nosotros los adultos se hace más evidente el imperativo al goce. Pareciera ser que ellos tienen varias premisas bien claras: si me divierto, aprendo; si no, no. De ahí que los profesores se ven llenos de peticiones de parte de los muchachos del siguiente estilo: “profe, pónganos una película”, “profe, por qué no damos la clase en el patio”, “profe, hagamos una dinámica”, “profe, ¿y mañana hay que venir al colegio?”, “profe, ¿y hay que leer todo eso?”, etc. Peticiones todas que apuntan a que el maestro se convierta en un personaje más que les ofrezca diversión. Algunos maestros caen en ese juego y entonces llegan al punto de dejar su lugar de maestros, y a ubicarse como “uno más” en el salón que juzga lo bueno o malo de su clase si fue capaz de divertir a los muchachos. ¿La apropiación que el ser humano en toda su historia ha hecho de la ciencia ha estado atravesada por la diversión? Lo dudo. Este punto es el que hace especialmente problemático la relación del adolescente con el saber: el esfuerzo que implica conocer en serio alguna parte del edificio conceptual que el ser humano ha construido en toda su historia. Algún programa de televisión en Teleantioquia tiene como slogan: “También se puede aprender divirtiéndose”. Yo no sé si a eso le podríamos llamar aprender; satisfacer la curiosidad, sí se puede hacer de una manera divertida. Por eso en ese programa pasan de un tema a otro, y a otro, y a otro; eso sí se puede hacer de una manera divertida. Lo que pasa es que en la escuela, el objetivo no es satisfacer simplemente la curiosidad. Para apropiarse del saber es necesario un trabajo serio, y esto, precisamente, es lo que nos cuesta transmitirles a los muchachos. Los medios de comunicación no ayudan mucho a esto. Y creo que no tendrían por qué hacerlo, pues su razón de ser no es la educación. Lo grave sería si las escuelas renuncian a transmitir la seriedad que implica transmitir un deseo de saber.

Contrario a esto, la relación particular que tienen estos muchachos con el saber la podríamos nombrar como una completa “pasión por la ignorancia”. Pero no la ignorancia socrática, sino la ignorancia que se muestra en un empuje interno muy decidido a no aprender, a no tener gusto por las ciencias, las matemáticas, la filosofía, etc. Con esto se llega a extremos tales que, pareciera ser que el alumno más “maqueta”, muchas veces se convierte en el líder del salón; y la ignorancia, en el valor que todos han de cultivar, pues los “nerdos” huelen a adultez, y los adultos, mientras más lejos, mejor. De hecho, en uno de los programas de radio que más se escuchaba el año pasado en Medellín, se autodenominan de la siguiente forma: “Somos la piel de la imbecilidad”. Esto, parodiando al programa de Julio Sánchez Cristo, cuyo slogan es: “Somos la piel original”.

A este punto de cultivo de la ignorancia se le añade la situación de desempleo de nuestro país. Encontramos a muchos jóvenes diciendo: “¿Y para qué voy a estudiar si los profesionales en este país no están encontrando empleo? Yo estoy esperando a graduarme, sacar la libreta militar y buscar un trabajo en una empresa”. La percepción que ellos tienen de la situación de desempleo del país les hace pensar que no tiene sentido estudiar, pues eso “no da plata”, y entonces, hay que conseguirla por otro lado; mientras más se pueda evitar el encuentro con el saber, mucho mejor. ¿Para qué aprender filosofía si los ideales que tienen es trabajar como empleado en una empresa como obrero? ¿Para qué aprender matemáticas si el ideal está en irse para Estados Unidos a trabajar como mesero? ¿Para qué estudiar química si el papá les va a dejar el taxi para que lo trabajen? Éstas son algunas de las preguntas que se están haciendo los jóvenes de hoy. Parece que en su mundo está en desuso la palabra “sabiduría”.


2. El fin de semana.

Los días más aburridores de la semana son: lunes (cuando no es festivo), martes y miércoles. De resto, todos tienen olor a rumba: jueves (que ya se llama juernes), viernes y sábado; y el domingo, pues si no se rumbea, por lo menos para ver los realities de la televisión. Se podría decir que “el fin de semana” tiene más días que los días de estudio, pues son los días en que dejan atrás el mundo de los adultos, de los deberes, y se entregan, algunos sin límite, al placer que ofrece la ciudad nocturna. El fin de semana son los días en los que se es feliz si se tiene la fortuna de tener padres que piensan que a los muchachos hay que dejarlos que decidan sus cosas, que se diviertan, que vivan la juventud que ellos no pudieron vivir.

Paradójicamente, el fin de semana son los días en los cuales suceden los excesos que después hay que lamentar: embarazos, adicciones a drogas, alcohol, carreras de carros nocturnas, experiencias sexuales prematuras, peleas entre bandas, etc. El fin de semana se ha convertido para nuestros muchachos en los días en los cuales más viven su juventud, y a la vez los días en que más se encuentran con las realidades más dolorosas de la existencia. ¿Por qué? Podríamos intentar pensar una hipótesis: son los días en los cuales la ley pareciera desaparecer de sus vidas con más intensidad. Ellos tienen grabado hasta en lo más íntimo de su ser que la vida es para gozársela; el fin de semana realizan este sueño, no sin consecuencias cuando se llegan a extremos. Si hace algunos años todos los productos de la consumo eran “ligeros”, ahora todos son “extremos”. Extremos los deportes, el sexo, la comida, el yogur, los cereales, el internet, los riesgos, la velocidad, la rumba, etc. Y después nos preguntamos por qué los muchachos le huyen al ritmo lento de la vida cotidiana.


3. El sexo

La adolescencia, en muchas culturas, y especialmente en la nuestra, ha sido designada como la época del despertar sexual. Contemporáneamente esto ha tenido un viraje del cual necesitamos estar avisados: la adolescencia cada vez abarca más tiempo en la vida de una persona. Y no sólo porque nos encontramos con adultos viviendo cual adolescentes, sino por los niños de 7, 8 y 9 años que ya han comenzado a vivir la adolescencia. Y no sólo por las ropas y el modo de vida, sino, incluso, por la aparición cada vez más rápido de lo que la medicina llama los cambios sexuales secundarios: el vello púbico, el vello en las axilas, la menarquia en las niñas, la primera polución en los niños, el cambio de voz, etc. Para un niño que tiene 8 años, es casi un insulto que le digan “niño”. Hace 30 ó 40 años las niñas se vestían con vestido de boleros, cual muñequitas; hoy, los descaderados, las minifaldas, los top no son exclusivos de las muchachas de 14 y 15 años. Y los muchachos no se quedan atrás con sus vestimentas y peinados que responden a nuestra época donde lo erótico siempre está al orden del día. Esto, claro, viene acompañado con que la primera relación sexual cada vez se tiene con menos edad. Estos niños, impulsados por el imperativo cultural que plantea que la adolescencia y juventud son las únicas etapas en las que se es feliz, dan un salto mortal y rápidamente entran en la lógica adolescente donde la “vida buena”, la rumba y el sexo son el norte de la existencia.

Concretamente en nuestro país es muy particular el éxito que, especialmente entre los niños, tiene la serie de televisión: “Rebelde”. Dicha serie muestra la vida de un grupo de adolescentes en los cuales la autoridad, la norma, el deber, no tienen ningún lugar: profesores que se enredan afectivamente con sus alumnas, jovencitos que no se dejan mandar por nadie, noviazgos fugaces que lo único que dejan en el corazón de los muchachos es más amargura, etc. Recordemos el coro famoso que está en la boca, las mentes y los corazones de los niños, hoy:

“Y soy rebelde
cuando no sigo a los demás
y soy rebelde
cuando te quiero hasta rabiar
y soy rebelde
cuando no pienso igual que ayer
y soy rebelde
cuando me juego hasta la piel
si, soy rebelde
es que quizás nadie me conoce bien”.

Efectivamente, esta serie es un espejo de lo que viven los adolescentes en la actualidad. Y con ella, ocurre algo muy particular: la gran mayoría de telespectadores son los niños de 4, 5, 6 años. Y para terminar de ajustar, los adultos nos reímos por “lo hermoso que la cantan”. Alguien se podría preguntar si esta serie es dañina para los niños; la respuesta es: NO. El problema central no está en las series de televisión que ven nuestros niños. “Rebelde” no es más sino la expresión de lo que ya viven en los colegios, en las familias. El problema central no es la televisión, sino el estilo de vida que les estamos ofreciendo a nuestros niños; un estilo de vida en el cual la niñez es una etapa de la vida que pareciera estar borrada de nuestras mentes. ¿Qué ideales de vida les estamos ofreciendo a los niños en las casas? ¿Un ideal donde pasar bueno es la felicidad?

En una primera mirada uno podría decir que los padres no quieren que sus hijos sean adolescentes, pues es una etapa difícil donde los muchachos se vuelven incontrolables. Pero si uno mira más despacio, se encuentra con que los ideales de los adolescentes no se alejan mucho de los ideales adultos; la diferencia radica en que ellos los pueden realizar, y los adultos no. ¿Cuál es el máximo ideal de felicidad de un adulto? No tener que trabajar y tener dinero para gastar con los objetos de los que se goza. Pues bien, eso es lo que se realiza en la adolescencia: le huyen a todo lo que tenga que ver con esfuerzo, y todo el dinero que llega a sus manos es para el disfrute.

Un ejemplo claro de esto es la manera como los adultos llevamos nuestra sexualidad: una serie casi inacabable de infidelidades, de encuentros furtivos, de relaciones sin compromiso, matrimonios desechables, en fin, lo que los niños y jóvenes ven de la vida sexual de los adultos es lo que finalmente terminan realizando en su propia vida. Y si no, ¿por qué el éxito del reggaeton entre niños y adultos? Es algo evidente que este género musical (que me perdonen los músicos si me equivoco en llamarlo de este modo) ha puesto en la escena social algo que estaba escondido: las relaciones sexuales prematuras. Y entonces nos encontramos con que algo que estaba reservado para la intimidad, se grita, se canta a los cuatro vientos:

“Esta noche es de travesuras...
(Esta noche hazme travesuras...)
Te vo'a devorar en la noche oscura...
(Esta noche hazme travesuras...)
Tú estas cucando mi calentura...
(Esta noche hazme travesuras...)
Y te vo'a devorar, mami, cuenta y jura...
(Esta noche hazme travesuras...)”

Y, dizque para que no los vean tan poco formativos, a Daddy Yankee, uno de los cantantes de reggaeton más famoso, le da por decir, que los niños deben escuchar su música en compañía de adultos responsables. ¿Qué podrá responder un adulto cuando un niño de 8 años le pregunta qué significa “tú estás cucando mi calentura”? No lo sé.

4. La familia

En los años 90, no sé si recuerdan una noticia a la que se le dio mucho boom en Teleantioquia: un colegio de la ciudad estaba teniendo en cuenta para elegir a sus alumnos si sus familias estaban constituidas o no. Ellos preferían alumnos que vivieran con sus padres en lo que se llamó hasta hace muy poco la familia nuclear: Papá, mamá e hijos. De alguna forma ya se estaba evidenciando la mutación familiar que hoy ya es evidente: la familia ya no está conformada por el papá, la mamá y los hijos, sino de múltiples formas. Esto nos lo muestra un libro que surgió de una investigación en la Universidad de Antioquia que se titula: “Los tuyos, los míos y los nuestros”, haciendo referencia a una nueva forma de constitución familiar en la cual cada uno de la pareja trae sus hijos propios, para luego tener los hijos en común. Ya no existe una sola manera de conformar la familia. Los muchachos de hoy son producto de esta invención de la contemporaneidad.

Pero es necesario tener claro que esto no es problemático en sí mismo. Es decir, el hecho de que un niño viva en una familia de las que antes se llamaba nuclear, no es garantía de que dicho niño reciba una buena educación. La buena educación no es una consecuencia directa de vivir en una familia conformada por papá, mamá e hijos. Lo que no quiere decir que la familia contemporánea no sea un problema. Es problemática, pero dicho problema no radica en que nuestros muchachos ya no vivan, en la mayoría de los casos, con sus padres biológicos. Lo problemático es que en las familias, quien se encarga de la educación de los hijos, está encartado. Los encargados están encartados porque ser padres ya no es un ideal cultural. “Quiero tener hijos”, es una frase que cada vez se escucha menos. Y entonces, cuando llegan, este acontecimiento se lee como un accidente; aunque haya muy buenas intenciones, los hijos son capaces de leer el encarte en el que se meten sus padres cuando los traen al mundo. Y esta lectura que hacen los hijos, fácilmente se manifiesta en los niños en algo sintomático: una hiperactividad, una psicosis, un fracaso escolar, una inhibición, etc. Ante dicho síntoma, la respuesta de los padres es muy clara: llevemos a este niño a la escuela, a donde el psicólogo, a donde el psicoanalista, etc. Cuando se estudia y se trata un caso a fondo es difícil encontrar que los padres reconozcan que el síntoma de su hijo habla de ellos. Lo que hace que una labor educativa o psicológica con los muchachos sea muy difícil.

La queja de los muchachos en relación a su familia es constante: “no nos comprenden”. Y entonces el sentimiento que aparece como consecuencia de esta incomprensión es la soledad; y esta soledad se convierte fácilmente en una depresión que hace que los muchachos no rindan en el ámbito escolar. ¿Cómo se manifiesta dicha incomprensión en los muchachos? En las demandas constantes y fuertes que les hacen a sus padres para que hagan lo que se les pide: salir hasta altas horas de la noche, dinero para los fines de semana, ropa, comodidades, etc. Y entonces el hogar se convierte en un campo de batalla donde nadie gana y, por lo tanto, todos pierden. Una lectura fina de todo lo que los muchachos les piden a sus padres llega a comprender que lo que realmente están haciendo es un llamado a que sus padres se comporten como tales, como norte, como personas que guían, no con la cantaleta, sino con su propia vida. Este lugar de norte, de faro, es precisamente, el lugar que los padres han ido abandonando cada vez más, incluso, no porque concientemente quieran dejar este lugar, sino porque ellos mismos no tienen claro cuál es su norte en la vida, y entonces, no tienen qué transmitirles a sus hijos.

5. Dios.

En esta misma lógica en la cual la función paterna va perdiendo su lugar, es que se evidencia un extremo ateísmo. No como posición intelectual, sino como algo vital. ¿Qué o quién es Dios para los muchachos? Es un ser supuestamente superior al que se le reza de manera exclusiva en los bautizos, matrimonios, y entierros. Es una figura que, incluso, se le podría catalogar de bella pero que mientras menos tenga que ver con la propia vida, mejor. Algunos, alcanzan a decir que es alguien que los ama siempre; lo que da cuenta de la maternalización que ha sufrido la imagen de Dios en la contemporaneidad. Pero si se les presenta una imagen de Dios articulada con aquella realidad que muestra lo imprescindible del límite en las cuestiones humanas, es decir, como algo o alquien que busca ponerle un freno al goce que ellos viven como imperativo, simplemente se guarda en el baúl de las cosas olvidadas, y punto. Se le reza algunos domingos, se le piden cosas cuando están en momentos difíciles, pero hasta ahí. Dios, para ellos, no es un padre que indica modelos éticos de vida; en el mejor de los casos, es como una madre que los ama tal cual son.

6. Las drogas.

La adolescencia es un momento muy favorable para comenzar el camino de las drogas. Y esto, por una razón muy clara: es un momento lógico caracterizado por la egolatría, por el no querer entrar a hacer lazo con lo social, buscando así todas las formas posibles de gozar individualmente. La droga es problemática en la contemporaneidad, de la misma forma como la masturbación lo fue, digamos, finalizando el siglo XIX o iniciando el siglo XX. Hoy, la masturbación no está vista como un problema. El consumo de psicoactivos sí; pero, de alguna forma, podríamos decir, es el mismo problema con una manifestación distinta.

¿Cuál es el problema? La droga es problemática en tanto que responde al deseo de aislamiento del sujeto en un goce medio autista en el cual el lazo con lo social se rompe. Recordemos que el rasgo fundamental del autismo es la ausencia de lazo con los otros. Por eso a la droga se le llama “quitapenas”, y los muchachos hablan de ella como un “viaje”. Dicen: “peguémonos un viaje”. Las dos expresiones hablan de que el encuentro con la realidad es problemática, y la manera de resolver dicho problema es yéndose de este mundo. Los muchachos se están viendo sin herramientas con las cuales afrontar la realidad problemática que supone la existencia. Alguien podría decir: es que vivir en Colombia es muy difícil. Sí. Es verdad. Es difícil. Pero la única manera de asumir lo difícil no es huyendo. Hay muchos que la asumen trabajando, pintando, leyendo, e incluso, yéndose del país. La realidad externa es complicada para todo mundo, pero hay muchas vías posibles para arreglárselas con ella. La labor de padres y maestros es, precisamente, ofrecer esas vías alternas.

7. A pesar de todo, nada pasa.

Pero en todo caso, maestros, padres de familia y psicólogos les preguntan a los muchachos si algo les pasa, y la respuesta es unánime: “Nada”. Y entonces alcanzan a tranquilizar a muchos con su semblante de “nada pasa”. Creemos que hay que hacer una lectura más juiciosa de esa “nada” con la que les responden a los adultos cuando les preguntan por si les pasa algo. Tal vez sí les pasa algo: les pasa la “nada”. Muchos de nuestros muchachos están llenos de “nada”; o, dicho de otra forma, muchos de nuestros muchachos están “vacíos”. Ante lo duro de la existencia los muchachos se muestran como “nada”, llenos de bagatelas, de “nada”. Una conversación telefónica ficticia de dos adolescentes nos puede ilustrar la “nada” en la que están inmersos nuestros muchachos:

“Carlos: ¡Alo!, ¿por favor Paola?
Paola: Hola, Carlos, hablás conmigo.
Carlos: Hola, Paola, ¿cómo estás?
Paola: Bien, Carlos, ¿y vos?
Carlos: Pues bien. Ahí descansando.
Paola: ¿Descansando? ¿Descansando de qué?
Carlos: Descansando de descansar……jajajajja. No, mentiras. No. Nada. ¿Y vos qué más? ¿Qué has hecho?
Paola: No, nada. Aquí descansando.
Carlos: Humm…. ¿descansando de descansar?....jajajjaja.
Paola: Tan bobo. De estudiar.
Carlos: ¡Aaah!
(Silencio)
Carlos: ¿Y qué más?
Paola: No, nada. Estudiar un poquito.
Carlos: ¡Ah!, qué bueno.
Paola: Y vos, ¿qué más?
Carlos: ¡Ah!, no, nada.
(Silencio)
Carlos: Bueno. Yo te llamaba para saludarte no más.
Paola: ¡Ah!, bueno. Listo.
Carlos: Listo, Pao, nos hablamos mañana.
Paola: Chao.”

Y mañana se llamarán para decirse nada, el fin de semana se encontrarán, irán a una discoteca a no hablar porque el sonido no los deja, y tendrán sexo pero no se amarán, e irán al colegio para no estudiar… y entonces, “nada” pasa. Cuando un adulto le pregunta a un muchacho qué le pasa y él le responde, “nada”, hay que creerle. La “nada” le está pasando por encima.

8. A manera de epílogo: no hay reglas, pero sí un principio: la Ley.

Lo que se ha dicho hasta ahora es que hay un imperativo que se ha convertido en el eje articulador de la vida de los muchachos: el goce. Les recuerdo el slogan de la emisora de reggaeton: “Energía te hace gozar todo el día”. Ésta es la cuestión medular de la cual hay que hablar entre maestros y padres de familia. Parece ser que hay que transmitirles una cosa distinta. Pero esta cosa distinta no es una multiplicidad de normas. Hay que estar avisados de que en los grupos humanos donde la norma prolifera a la enésima potencia, es donde más se evidencia la ausencia de Ley. Los padres y maestros, en tanto que son sus representantes, han de dirigir todos sus esfuerzos en transmitir dicha Ley, pero no entendida ésta como un no rotundo al goce, sino como regulación. Lo que hace que un automóvil sea maniobrable no es precisamente el acelerador, sino el freno. Cuando se sabe frenar, es posible voltear, parar en un semáforo, parar en la bomba de gasolina, etc. Pero de la misma manera como no hay una norma específica para cada momento en el que se necesita frenar, tampoco hay normas específicas en la educación de los niños y jóvenes. Quien sabe manejar un automóvil sabe que frenar es todo un arte en el sentido de que es necesario saberlo hacer en el momento preciso, pues en todo el viaje aparecerán millones de momentos en los cuales es necesario hacerlo. A uno le pueden enseñar una técnica dependiendo del automóvil que utilice, pero cuando éste esté en movimiento, cuando aparezcan las situaciones particulares en las cuales haya que hacer uso del freno, la técnica se convierte en arte. La idea no es decirle no al goce. La idea es circunscribir el goce en un momento particular, en un lugar particular, con una persona en particular, y de una manera particular.

Ponerle freno al goce como un arte es una cuestión que brilla por su ausencia en los adultos de la contemporaneidad. Le ponemos mayor énfasis al acelerador; por ejemplo, cuando se le hace publicidad a un automóvil se hace hincapié en cuántos segundos puede pasar de 0 km/h a 100 km/h. De la misma manera, hacemos hincapié en transmitirles a los muchachos cuánto podemos gozar, cuánto podemos disfrutar, olvidando así el arte de frenar, el arte de saber que existimos como cultura porque de algún modo hemos sido capaces de esforzarnos para regular nuestro goce. Acelerar es muy fácil y genera un vértigo absolutamente placentero; frenar es de sabios.

Por eso el problema mayor no es que no sepamos ponerles freno a nuestros hijos y alumnos; el problema mayor está en que no sabemos ponerle freno a nuestros propios impulsos. Y entonces, si no sabemos el arte de frenar-nos, no podremos transmitírselo a ellos. Mirando las cosas desde esta perspectiva el centro del problema no son los muchachos realmente, sino nuestra incapacidad de ponernos freno. Y esto se evidencia en el desorden de vida que llevamos los adultos: los matrimonios desechables, los amores efímeros, la falta de formación académica, los gritos en el salón de clases, los castigos indiscriminados de los que son víctimas los niños, los abusos sexuales a los menores de edad, etc.

Cuando un niño se encuentra con un adulto experto en el arte de frenar, él mismo se va convirtiendo en un artista donde la obra mayor será su propia vida. Y entonces aprenderá a disfrutar del conocimiento, del respeto, del deporte, de las relaciones fraternas, del amor. El ser humano no viene cargado de una manera innata de los valores que lo hacen llamar como tal. Ser humano es algo que se conquista, pero siempre con la ayuda de alguien que ya lo sea. Los medios de comunicación, las discotecas, los amigos, sirven para el goce que finalmente es inevitable en la vida de todo ser humano. La cuestión es que padres y maestros no tenemos por qué robarles su misión. Nosotros estamos hechos para representar, no el goce, sino la Ley, es decir, la regulación del mismo. Cuando esto sucede nos encontramos con niños artistas, deportistas, respetuosos, amantes de las ciencias, es decir, con niños que encuentran que en la cultura también se le da cabida a las cosas hechas por amor, por deseo; y esto, también tiene una cuota de placer. No extremo, como lo proclama la contemporaneidad, pero sí un placer que los y nos hace más humanos.